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La famiglia sia vivaio di virtù umane e cristiane

 

Benedetto XVI ha ricevuto nella mattina di venerdì 3 dicembre, alle ore 11, in solenne udienza, Sua Eccellenza il signor Fernando Felipe Sánchez Campos, nuovo Ambasciatore di Costa Rica presso la Santa Sede, il quale ha presentato le Lettere con le quali viene accreditato nell'alto ufficio. Rilevato alla sua residenza da un Gentiluomo di Sua Santità e da un Addetto di Anticamera, il diplomatico è giunto alle 10.45 al Cortile di San Damaso, nel Palazzo Apostolico Vaticano, ove un reparto della Guardia Svizzera Pontificia rendeva gli onori. Al ripiano degli ascensori, era ricevuto da un Gentiluomo di Sua Santità e subito dopo saliva alla seconda Loggia, dove si trovavano ad attenderlo gli Addetti di Anticamera e i Sediari. Dalla seconda Loggia il corteo si dirigeva alla Sala Clementina, dove l'Ambasciatore veniva ricevuto dal prefetto della Casa Pontificia, l'arcivescovo James Michael Harvey, il quale lo introduceva alla presenza del Pontefice nella Biblioteca privata. Dopo la presentazione delle Credenziali da parte dell'Ambasciatore avevano luogo lo scambio dei discorsi e, quindi, il colloquio privato.
Dopo l'udienza, nella Sala Clementina il diplomatico prendeva congedo dal prefetto della Casa Pontificia e discendeva nella Basilica Vaticana:  ricevuto da una delegazione del Capitolo, si recava dapprima nella Cappella del Santissimo Sacramento per un breve atto di adorazione; passava poi a venerare l'immagine della Beatissima Vergine e, quindi, la tomba di San Pietro.
Al termine della visita l'Ambasciatore prendeva congedo dalla delegazione del Capitolo, quindi, alla Porta della Preghiera, prima di lasciare la Basilica, si congedava dai dignitari che lo avevano accompagnato e faceva ritorno alla sua residenza.

Questo è il testo del discorso del Papa.

 Señor Embajador: 
1. Al recibir de manos de Vuestra Excelencia las Cartas credenciales como Embajador Extraordinario y Plenipotenciario de Costa Rica ante la Santa Sede, le agradezco vivamente sus deferentes palabras, así como el gentil saludo que me ha transmitido de parte de la Señora Presidenta de la República, Doctora Laura Chinchilla Miranda, al que correspondo complacido con los mejores deseos de que lleve a cabo un fructífero servicio al frente de esa dilecta Nación, tan vinculada a la Sede Apostólica por estrechas y cordiales relaciones, así como por la especial devoción de los costarricenses al Sucesor de Pedro.
2. Vuestra presencia en este acto solemne, Excelencia, aviva en mi corazón los sentimientos de afecto y benevolencia hacia el amadísimo pueblo costarricense, que, el pasado día 2 de agosto, se llenó de regocijo al conmemorar los 375 años del hallazgo de la venerada imagen de Nuestra Señora de los Ángeles, su celestial Patrona. A la vez que me uno a su acción de gracias al Todopoderoso en tan feliz circunstancia, no dudo que el Año Jubilar que se está celebrando producirá abundantes frutos de vida cristiana, siendo también una oportunidad singular para agradecer a la Virgen los favores recibidos y elevar una súplica por todas las necesidades de ese noble País, que desea seguir recorriendo al amparo de la Madre de Dios los caminos del mutuo entendimiento y la concordia, en un clima de auténtica fraternidad y de próvida solidaridad.
3. No podría ser de otra manera en Vuestra Patria, acreedora del particular interés de la Santa Sede, y en donde la belleza se hace montaña y llanura, río y mar, brisa y viento que da ímpetu a un pueblo hospitalario y orgulloso de sus tradiciones; un pueblo que hace siglos acogió la semilla evangélica para ver cómo germinaba pujante en innumerables iniciativas educativas, sanitarias y de promoción humana. De este modo, los hijos de Vuestra Patria saben bien que, en Cristo, el Hijo de Dios, el hombre puede encontrar siempre la fuerza para luchar contra la pobreza, la violencia doméstica, el desempleo y la corrupción, procurando la justicia social, el bien común y el progreso integral de las personas. Nadie puede sentirse al margen de la consecución de esas altas metas. En este contexto, la Autoridad pública ha de ser la primera en buscar lo que a todos beneficia, obrando principalmente como una fuerza moral que potencie la libertad y el sentido de responsabilidad de cada uno. Y todo esto, sin menoscabar los valores fundamentales que vertebran la inviolable dignidad de la persona, comenzando por la firme salvaguarda de la vida humana. En este ámbito, me complace recordar que fue precisamente en Vuestro País donde se firmó el Pacto de San José, en el que se reconoce expresamente el valor de la vida humana desde su concepción. Así pues, es deseable que Costa Rica no viole los derechos del nasciturus con leyes que legitimen la fecundación in vitro y el aborto.
4. Recientemente, ha surgido el deseo de plasmar en un nuevo y solemne acuerdo jurídico la larga trayectoria de mutua colaboración, sana independencia y respeto recíproco entre la Santa Sede y Costa Rica, afianzando así aún más las proficuas relaciones existentes entre la Iglesia y el Estado en Vuestra Patria. Concretar las materias de interés común, fijando pormenorizadamente los derechos y obligaciones de las partes signatarias, servirá para seguir garantizando de manera estable y más conforme a las actuales circunstancias históricas su ya tradicional y fecundo entendimiento, con miras al mayor bien de la vida religiosa y civil de la Nación y en beneficio de aquellas personas objeto de los mismos desvelos.
5. Con ocasión de este encuentro, quisiera asegurarle, Señor Embajador, que, en estos días, he tenido un particular recuerdo en la oración por Costa Rica, con motivo de las dolorosas consecuencias que han causado las lluvias torrenciales que han afectado al País. He pedido también a Dios que Vuestra Patria no deje de roturar los caminos que la hacen ante la comunidad internacional un referente de paz. Para ello, es importante que los que están al frente de sus destinos no vacilen en rechazar con firmeza la impunidad, la delincuencia juvenil, el trabajo infantil, la injusticia y el narcotráfico, impulsando medidas tan importantes como la seguridad ciudadana, una adecuada formación de niños y jóvenes, la debida atención a los encarcelados, la eficaz asistencia sanitaria a todos, en particular a los más menesterosos y a los ancianos, así como los programas que lleven a la población a alcanzar una vivienda digna y un empleo decente. Es primordial, además, que las nuevas generaciones adquieran la convicción de que los conflictos no se vencen con la mera fuerza, sino convirtiendo los corazones al bien y la verdad, acabando con la miseria y el analfabetismo, robusteciendo el Estado de derecho y vigorizando la independencia y eficacia de los tribunales de justicia. Mucho contribuirá a dilatar este horizonte el afianzamiento en la sociedad de un pilar tan sustancial e irrenunciable como la estabilidad y unión de la familia, institución que está sufriendo, quizás como ninguna otra, la acometida de las transformaciones amplias y rápidas de la sociedad y de la cultura, y que, sin embargo, no puede perder su identidad genuina, pues está llamada a ser vivero de virtudes humanas y cristianas, en donde los hijos aprendan de sus padres de forma natural a respetarse y comprenderse, a madurar como personas, creyentes y ciudadanos ejemplares. Por consiguiente, nada de cuanto favorezca, tutele y apoye la familia fundada en el matrimonio entre un hombre y una mujer será baldío. En este sentido, la Iglesia no se cansará de alentar especialmente a los jóvenes, para que descubran la belleza y grandeza que entraña servir fiel y generosamente al amor matrimonial y a la transmisión de la vida.
6. La defensa de la paz se verá facilitada asimismo con el cuidado del entorno natural, pues son realidades íntimamente relacionadas entre sí. A este respecto, Costa Rica, abanderada de la amistad y el buen entendimiento entre las Naciones, se ha distinguido también en la preservación del medio ambiente y la búsqueda de un equilibrio entre el desarrollo humano y la conservación de los recursos. Esto conlleva la ponderación conjunta y responsable de esta cuestión tan esencial, en aras de "esa alianza entre ser humano y medio ambiente que ha de ser reflejo del amor creador de Dios, del cual procedemos y hacia el cual caminamos" (Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz 2008, n. 7). Con este objetivo, animo a todos los costarricenses a continuar desarrollando lo que propicia un verdadero desarrollo humano, en armonía con la creación, evitando intereses espurios y faltos de clarividencia en un tema de tanta trascendencia.
7. Al concluir, quiero expresarle, Señor Embajador, mis mejores votos para la misión que comienza hoy. Tenga la seguridad de que en su ejercicio siempre encontrará la ayuda que precise de mis colaboradores. Con estos sentimientos, pongo bajo la mirada de Nuestra Señora de los Ángeles, tan venerada en vuestra tierra y en toda Centroamérica, a las Autoridades y al querido pueblo costarricense, suplicándole también que sostenga con su amor materno a todos los hijos de Vuestra Patria, para que, apoyándose en su rico patrimonio espiritual, puedan cooperar a una solidaridad cada vez mayor entre las personas y entre los pueblos. Y como prenda de copiosos dones divinos, imparto la Bendición apostólica a Vuestra Excelencia y su familia, así como al personal de esa Misión Diplomática.

Questa è la traduzione del discorso del Papa all'Ambasciatore di Costa Rica.

Signor Ambasciatore,
1. Nel ricevere dalle sue mani le Lettere Credenziali che l'accreditano come Ambasciatore Straordinario e Plenipotenziario di Costa Rica presso la Santa Sede, la ringrazio vivamente per le sue cordiali parole, come pure per il gentile saluto che mi ha trasmesso da parte della Signora Presidente della Repubblica, la dottoressa Laura Chinchilla Miranda, che contraccambio con piacere e con i miglior auguri affinché porti a termine un fecondo servizio a capo di questa diletta Nazione, tanto unita alla Sede Apostolica da strette e cordiali relazioni, e anche dalla speciale devozione dei costaricani per il Successore di Pietro.
2. La sua presenza in questo atto solenne, Eccellenza, ravviva nel mio cuore i sentimenti di affetto e di benevolenza verso l'amatissimo popolo costaricano, che, lo scorso 2 agosto, ha commemorato con grande gioia i 375 anni del ritrovamento della venerata immagine di Nuestra Señora de los Ángeles, sua celeste patrona. Mentre mi unisco alla sua azione di rendimento di grazie all'Onnipotente in una così felice circostanza, non dubito che l'Anno Giubilare che si sta celebrando produrrà abbondanti frutti di vita cristiana, essendo anche un'opportunità singolare per ringraziare la Vergine per i favori ricevuti e per elevare una supplica per tutti i bisogni di questo nobile Paese, che desidera continuare a percorrere, sotto la protezione della Madre di Dio, le vie della reciproca intesa e della concordia, in un clima di autentica fraternità e di provvida solidarietà.
3. Non potrebbe essere diversamente nella sua Patria, meritevole del particolare interesse della Santa Sede, dove la bellezza si fa montagna e pianura, fiume e mare, brezza e vento che danno impeto a un popolo ospitale e orgoglioso delle sue tradizioni; un popolo che secoli fa accolse il seme evangelico e lo vide germinare vigoroso in innumerevoli iniziative educative, sanitarie e di promozione umana. Per questo i figli della sua Patria sanno bene che, in Cristo, il Figlio di Dio, l'uomo può trovare sempre la forza per lottare contro la povertà, la violenza domestica, la disoccupazione e la corruzione, ricercando la giustizia sociale, il bene comune e il progresso integrale delle persone. Nessuno si può sentire escluso dal conseguimento di queste alte mete. In tale contesto, l'Autorità pubblica deve essere la prima a cercare ciò che reca beneficio a tutti, operando principalmente come una forza morale capace di potenziare la libertà e il senso di responsabilità di ognuno. E tutto ciò, senza sminuire i valori fondamentali che strutturano l'inviolabile dignità della persona, a cominciare dalla ferma salvaguardia della vita umana. A tale proposito, sono lieto di ricordare che fu proprio nel suo Paese che fu firmato il Patto di San Giuseppe, nel quale si riconosce espressamente il valore della vita umana fin dal suo concepimento. È pertanto auspicabile che Costa Rica non violi i diritti del nasciturus con leggi che legittimano la fecondazione in vitro e l'aborto.
4. Recentemente è nato il desiderio di plasmare in un nuovo e solenne accordo giuridico la lunga traiettoria di reciproca collaborazione, di sana indipendenza e di rispetto reciproco fra la Santa Sede e Costa Rica, rafforzando così ancora di più le proficue relazioni esistenti fra la Chiesa e lo Stato nella sua Patria. Concretizzare le materie d'interesse comune, fissando dettagliatamente i diritti e gli obblighi delle parti firmatarie, servirà per continuare a garantire in modo stabile e più conforme alle attuali circostanze storiche la loro già tradizionale e feconda intesa, in vista del bene più grande della vita religiosa e civile della Nazione e a beneficio di quelle persone oggetto delle stesse preoccupazioni.
5. In occasione di questo incontro, vorrei assicurarle, Signor Ambasciatore che in questi giorni mi sono ricordato in modo particolare nella preghiera della Costa Rica, a motivo delle dolorose conseguenze delle piogge torrenziali che hanno colpito il Paese. Ho anche chiesto a Dio che la sua Patria non smetta di dissodare i cammini che la rendono agli occhi della comunità internazionale un punto di riferimento per la pace. Per questo, è importante che quanti sono a capo del suo destino non vacillino nel rifiutare con fermezza l'impunità, la delinquenza giovanile, il lavoro infantile, l'ingiustizia e il narcotraffico, promuovendo misure importanti per la sicurezza civile, l'adeguata formazione dei bambini e dei giovani, la dovuta attenzione ai detenuti, l'efficace assistenza sanitaria a tutti, in particolare ai più bisognosi e agli anziani, come pure programmi che permettano alla popolazione di ottenere un'abitazione degna e un impiego dignitoso. È inoltre fondamentale che le nuove generazioni si convincano che i conflitti non si vincono con la mera forza, bensì convertendo i cuori al bene e alla verità, ponendo fine alla miseria e all'analfabetismo, rafforzando lo Stato di diritto e rinvigorendo l'indipendenza e l'efficacia dei tribunali di giustizia. Ad ampliare questo orizzonte contribuirà in grande misura il rafforzamento nella società di quel pilastro fondamentale e irrinunciabile costituito dalla stabilità e dall'unione della famiglia, istituzione che sta subendo, forse più di qualunque altra, l'attacco delle trasformazioni ampie e rapide della società e della cultura, e che, tuttavia, non può perdere la sua vera identità, poiché è chiamata a essere vivaio di virtù umane e cristiane, dove i figli possano imparare dai loro genitori in modo naturale a rispettarsi e a comprendersi, a maturare come persone, credenti e cittadini esemplari. Di conseguenza, nulla di ciò che favorisce, tutela e sostiene la famiglia fondata sul matrimonio fra un uomo e una donna risulterà vano. In tal senso, la Chiesa non si stancherà d'incoraggiare in modo particolare i giovani, affinché scoprano la bellezza e la grandezza che comporta il servire fedelmente e generosamente l'amore matrimoniale e la trasmissione della vita.
6. La difesa della pace sarà favorita anche dalla tutela dell'ambiente, poiché sono due realtà intimamente legate fra loro. A tale proposito, Costa Rica, portabandiera dell'amicizia e della buona intesa fra le Nazioni, si è distinta anche per la tutela dell'ambiente e per la ricerca di un equilibrio fra lo sviluppo umano e la conservazione delle risorse. Ciò implica una riflessione congiunta e responsabile su questo tema così importante, a favore di "quell'alleanza tra essere umano e ambiente, che deve essere specchio dell'amore creatore di Dio, dal quale proveniamo e verso il quale siamo in cammino" (Messaggio per la Giornata Mondiale della Pace 2008, n. 7). A tal fine incoraggio tutti i costaricani a continuare a potenziare tutto ciò che favorisce uno sviluppo umano autentico, in armonia con il creato, evitando interessi falsi e privi di lungimiranza in un tema così importante.
7. Nel concludere, desidero formularle, Signor Ambasciatore, i miei migliori voti per la missione che inizia oggi. Sia certo che nel suo esercizio troverà sempre da parte dei miei collaboratori l'aiuto di cui avrà bisogno. Con questi sentimenti, pongo sotto lo sguardo di Nuestra Señora de los Ángeles, tanto venerata nella sua terra e in tutto il Centroamerica, le Autorità e l'amato popolo costaricano, supplicandola anche di sostenere con il suo amore materno tutti i figli della sua Patria, affinché, fondandosi sul loro ricco patrimonio spirituale, possano contribuire a una solidarietà sempre più grande fra le persone e fra i popoli. Quale pegno di copiosi doni divini, imparto la Benedizione Apostolica a lei, Eccellenza, e alla sua famiglia, come pure al personale di questa Missione Diplomatica.


(©L'Osservatore Romano - 4 dicembre 2010)