Questa mattina, Papa Francesco ha celebrato la Santa Messa in forma privata in Nunziatura. Erano presenti quattro familiari della donna francese, animatrice di catechesi di 62 anni, venuta a Lisbona per la GMG e deceduta nei giorni scorsi a causa di un incidente nella casa in cui era ospitata.
Prima di lasciare la Nunziatura, Papa Francesco ha incontrato un gruppo di quindici giovani pellegrini dall’Ucraina accompagnati dal Sig. Denys Kolada, Consulente per il Dialogo con le organizzazioni religiose presso il Governo ucraino. Dopo aver ascoltato le loro toccanti storie, il Papa ha rivolto ai ragazzi alcune parole, manifestando la sua vicinanza, “dolorosa e di preghiera”. Nel concludere l’incontro, durato circa 30 minuti, il Papa e i ragazzi hanno recitato insieme il Padre Nostro, con il pensiero rivolto alla martoriata Ucraina.
Quindi, il Santo Padre Francesco ha lasciato la Nunziatura Apostolica e si è trasferito in auto all’Universidade Católica Portuguesa di Lisbona dove, alle ore 9.00 (10.00 ora di Roma), ha incontrato i Giovani Universitari nel piazzale antistante l’Università.
Dopo l’esecuzione di un brano musicale e il saluto di benvenuto della Prof.ssa Isabel Capeloa Gil, Rettore dell’Università Cattolica Portoghese, hanno avuto luogo due testimonianze, una ispirata alla Laudato si’ e un’altra ispirata dal Patto Educativo Globale. Poi, dopo un canto della Corale, hanno fatto seguito una testimonianza sull’Economy of Francesco e una di una giovane aiutata dal Fondo Papa Francesco per una cultura dell’incontro. Quindi il Papa ha pronunciato il Suo discorso.
Al termine, dopo la recita del Padre Nostro, la Benedizione finale e l’esecuzione di un ultimo brano musicale, il Santo Padre ha benedetto la Prima Pietra del Campus Veritatis. Quindi ha lasciato l’Università e si è trasferito in auto alla sede di Scholas Occurrentes di Cascais.
Pubblichiamo di seguito il discorso che Papa Francesco ha pronunciato nel corso dell’incontro con i Giovani Universitari:
Queridos hermanos y hermanas: Bom dia!
Gracias, señora Rectora, por sus palabras. Obrigado. Ha dicho que todos nos sentimos “peregrinos”. Es una hermosa palabra, cuyo significado merece ser reflexionado. Literalmente significa dejar de lado la rutina cotidiana y ponernos en camino con un propósito, moviéndonos “a través de los campos” o “más allá de los confines”, es decir, fuera de la propia zona de confort, hacia un horizonte de sentido. En el término “peregrino” vemos reflejada la conducta humana, porque cada uno está llamado a confrontarse con grandes preguntas que no tienen respuesta, [no tienen] una respuesta simplista o inmediata, sino que invitan a emprender un viaje, a superarse a sí mismos, a ir más allá. Es un proceso que un universitario comprende bien, porque así nace la ciencia. Y así crece también la búsqueda espiritual. Peregrino es caminar hacia una meta o buscando una meta. Siempre está el peligro de caminar en un laberinto, donde no hay meta. Tampoco hay salida. Desconfiemos de las fórmulas prefabricadas —son laberínticas—, desconfiemos de las respuestas que parecen estar al alcance de la mano, de esas respuestas sacadas de la manga como cartas de juego trucadas; desconfiemos de esas propuestas que parece que lo dan todo sin pedir nada. Desconfiemos. La desconfianza es un arma para poder caminar adelante y no seguir dando vueltas. Una de las parábolas de Jesús dice que el que encuentra la perla de gran valor es aquel que la busca con inteligencia y con espíritu de iniciativa, y lo da todo, arriesga todo lo que tiene para obtenerla (cf. Mt 13,45-46). Buscar y arriesgar: estos son los dos verbos del peregrino. Buscar y arriesgar.
Pessoa dijo, de un modo atribulado pero acertado, que «estar insatisfecho es ser hombre» (O Quinto Império, en Mensagem). No debemos tener miedo de sentirnos inquietos, de pensar que lo que hemos hecho no basta. Estar insatisfechos —en este sentido y en su justa medida—, es un buen antídoto contra la presunción de autosuficiencia y contra el narcisismo. El carácter incompleto define nuestra condición de buscadores y peregrinos, como dice Jesús, “estamos en el mundo, pero no somos del mundo” (cf. Jn 17,16). Estamos caminando “hacia”. Estamos llamados a algo más, a un despegue sin el cual no hay vuelo. No nos alarmemos, entonces, si nos encontramos interiormente sedientos, inquietos, incompletos, deseosos de sentido y de futuro, com saudades do futuro! Y aquí, junto a las saudades de futuro no se olviden de mantener viva esa memoria del futuro. ¡No estamos enfermos, estamos vivos! Preocupémonos más bien cuando estamos dispuestos a sustituir el camino a recorrer por el detenernos en cualquier oasis —aunque esa comodidad sea un espejismo—; cuando sustituimos los rostros por las pantallas, lo real por lo virtual; cuando, en lugar de las preguntas que desgarran, preferimos las respuestas fáciles que anestesian; y las podemos encontrar en cualquier manual de trato social, de cómo comportarse bien. Las respuestas fáciles anestesian.
Amigos, permítanme decirles: busquen y arriesguen. En este momento histórico los desafíos son enormes, los quejidos dolorosos —estamos viviendo una tercera guerra mundial a pedacitos—, pero abrazamos el riesgo de pensar que no estamos en una agonía, sino en un parto; no en el final, sino al comienzo de un gran espectáculo. Y hace falta coraje para pensar esto. Sean, por tanto, protagonistas de una “nueva coreografía” que coloque en el centro a la persona humana, sean coreógrafos de la danza de la vida. Las palabras de la señora Rectora han sido inspiradoras para mí, en particular cuando ha dicho que “la universidad no existe para preservarse como institución, sino para responder con valentía a los desafíos del presente y del futuro”. La autopreservación es una tentación, es un reflejo condicionado del miedo, que hace mirar la existencia de un modo distorsionado. Si las semillas se preservaran a sí mismas, desperdiciarían completamente su potencia generadora y nos condenarían al hambre; si los inviernos se preservaran a sí mismos, no existiría la maravilla de la primavera. Tengan, por tanto, la valentía de sustituir los miedos por los sueños; sustituyan los miedos por los sueños, ¡no sean administradores de miedos, sino emprendedores de sueños!
Sería un desperdicio pensar en una universidad comprometida en formar a las nuevas generaciones sólo para perpetuar el actual sistema elitista y desigual del mundo, en el que la instrucción superior es un privilegio para unos pocos. Si el conocimiento no es acogido como responsabilidad, se vuelve estéril. Si el que ha recibido una instrucción superior —que hoy, en Portugal y en el mundo, sigue siendo un privilegio— no se esfuerza por restituir algo de aquello con lo que ha sido beneficiado, en el fondo no ha comprendido lo que se le ha ofrecido. Me gusta pensar que en el Génesis las primeras preguntas que Dios hace al hombre son: «¿Dónde estás?» (3,9) y «¿Dónde está tu hermano?» (4,9). Nos hará bien preguntarnos, preguntémonos: ¿dónde estoy? ¿Estoy encerrado en mi burbuja o corro el riesgo de salir de mis seguridades para ser un cristiano practicante, un artesano de la justicia, un artesano de la belleza? Y también: ¿dónde está mi hermano? Experiencias de servicio fraterno como la Missão País, y tantas otras que nacen en el ámbito académico, deberían ser consideradas indispensables para quien pasa por la universidad. El título de estudio, en efecto, no puede ser visto sólo como una licencia para construir el bienestar personal, no, sino como un mandato para dedicarse a una sociedad más justa, una sociedad más inclusiva, es decir, más desarrollada. Me han dicho que una de vuestras grandes poetisas, Sophia de Mello Breyner Andresen, en una entrevista que es una especie de testamento, a la pregunta: “¿Qué le gustaría ver realizado en Portugal en este nuevo siglo?”, respondió sin vacilar: “Me gustaría que se realizase la justicia social, la disminución de las diferencias entre ricos y pobres” (Entrevista de Joaci Oliveira, en Cidade Nova, 3/2001). Les remito a ustedes esta pregunta. Ustedes, queridos estudiantes, peregrinos del saber, ¿qué quisieran ver realizado en Portugal y en el mundo? ¿Qué cambios, qué transformación? ¿Y de qué manera la universidad, sobre todo la católica, puede contribuir a esto?
Beatriz, Mahoor, Mariana, Tomás, les agradezco sus testimonios; tenían todos un tono de esperanza, una carga de entusiasmo realista, no había en ellos quejas ni tampoco ilusorias fugas hacia adelante. Ustedes quieren ser protagonistas, “protagonistas del cambio”, como ha dicho Mariana. Escuchándolos, he pensado en una frase que tal vez les es familiar, del escritor José de Almada Negreiros: «Soñé con un país donde todos llegaban a maestros» (A Invenção do Dia Claro). También este anciano que les habla —porque ya estoy viejo— sueña que vuestra generación sea una generación de maestros: maestros en humanidad, maestros en compasión, maestros en nuevas oportunidades para el planeta y sus habitantes, maestros de esperanza. Y maestros que defiendan la vida del planeta amenazada en este momento por una grave destrucción ecológica.
Como algunos de ustedes han evidenciado, debemos reconocer la urgencia dramática de hacernos cargo de la casa común. Sin embargo, esto no se puede hacer sin una conversión del corazón y un cambio en la visión antropológica que está en la base de la economía y de la política. No nos podemos conformar con simples medidas paliativas o con compromisos tímidos y ambiguos. En este caso, «los términos medios son sólo una pequeña demora en el derrumbe» (Carta enc. Laudato si’, 194). No olviden esto. Los términos medios son sólo una pequeña demora en el derrumbe. Se trata más bien de hacerse cargo de lo que, lamentablemente, sigue siendo postergado, es decir: la necesidad de redefinir lo que llamamos progreso y evolución. Porque, en nombre del progreso, se ha abierto el camino a una gran regresión. Estudien bien esto que les digo. En nombre del progreso, se ha abierto el camino hacia una gran regresión. Ustedes son la generación que puede vencer este desafío, tienen los instrumentos científicos y tecnológicos más avanzados, pero, por favor, no caigan en la trampa de visiones parciales. No olviden que necesitamos de una ecología integral; necesitamos escuchar el sufrimiento del planeta junto al de los pobres; necesitamos poner el drama de la desertificación en paralelo al de los refugiados, el tema de las migraciones junto al del descenso de la natalidad; necesitamos ocuparnos de la dimensión material de la vida dentro de una dimensión espiritual. No crear polarizaciones sino visiones de conjunto.
Gracias, Tomás, por haber dicho que “no es posible una auténtica ecología integral sin Dios”, que “no puede haber futuro en un mundo sin Dios”. Quisiera decirles que hagan creíble la fe a través de las decisiones. Porque si la fe no genera estilos de vida convincentes, no hace fermentar la masa del mundo. No basta con que un cristiano esté convencido, debe ser convincente. Nuestras acciones están llamadas a reflejar la belleza —a la vez alegre y radical— del Evangelio. Además, el cristianismo no puede plantearse como una fortaleza rodeada de muros, que alza sus bastiones frente al mundo. Por eso me pareció muy incisivo el testimonio de Beatriz, cuando dijo que precisamente “partiendo del ámbito de la cultura” se siente llamada a vivir las bienaventuranzas. En cada época, una de las tareas más importantes de los cristianos es recuperar el sentido de la encarnación. Sin la encarnación, el cristianismo se convierte en una ideología y la tentación de las ideologías cristianas, entre comillas, es muy actual; es la encarnación la que nos permite asombrarnos por la belleza que Cristo revela a través de cada hermano y hermana, de cada hombre y mujer.
A este propósito, es interesante que en la nueva cátedra dedicada a la “Economía de Francisco” ustedes hayan unido la figura de Clara. En efecto, la contribución femenina es indispensable. En el inconsciente colectivo cuántas veces está pensar que las mujeres son de segunda, son suplentes, no juegan de titulares. Y eso existe en el inconsciente colectivo. La contribución femenina es indispensable. Por lo demás, en la Biblia se ve cómo la economía de la familia está en buena parte en manos de la mujer. Ella, con su sabiduría, es la verdadera “regenta” de la casa, que no tiene como objetivo exclusivamente el beneficio, sino el cuidado, la convivencia, el bienestar físico y espiritual de todos, y además el poder compartir con los pobres y los forasteros. Y es apasionante emprender los estudios económicos desde esta perspectiva, con la intención de restituir a la economía la dignidad que le corresponde, para que no esté en manos del mercado salvaje y de la especulación.
La iniciativa del Pacto Educativo Global, y los siete principios que establecen su arquitectura, incluyen muchos de estos temas, desde el cuidado de la casa común hasta la plena participación de las mujeres, para llegar a la necesidad de encontrar nuevos modos de entender la economía, la política, el desarrollo y el progreso. Los invito a estudiar el Pacto Educativo Global, apasionarse por él. Uno de los puntos que trata es el de la educación en la acogida y la inclusión. Y no podemos fingir no haber oído las palabras de Jesús en el capítulo 25 de Mateo: «estaba de paso, y me alojaron» (v. 35). He seguido con emoción el testimonio de Mahoor, cuando ha evocado lo que significa vivir con “el sentimiento constante de la falta de un hogar, de una familia, de unos amigos […], de haber quedado sin casa, sin universidad, sin dinero […], cansada y exhausta y abatida por el dolor y las pérdidas”. Nos ha dicho que recuperó la esperanza porque algunos creyeron en el impacto transformador de la cultura del encuentro. Cada vez que alguien practica un gesto de hospitalidad, provoca una transformación.
Amigos, estoy muy contento de verlos como una comunidad educativa viva, abierta a la realidad, y conscientes de que el Evangelio no es un mero adorno, sino que anima las partes y el conjunto. Sé que vuestro itinerario comprende distintos ámbitos: el estudio, la amistad, el servicio social, la responsabilidad civil y política, el cuidado de la casa común y las expresiones artísticas. Ser una universidad católica quiere decir sobre todo esto: que cada elemento está en relación con el todo y que el todo se encuentra en las partes. De ese modo, mientras se adquieren las competencias científicas, se madura como personas, en el conocimiento de sí mismos y en el discernimiento del propio camino. Camino sí, laberinto no. Entonces, ¡adelante! Una tradición medieval cuenta que cuando los peregrinos del Camino de Santiago se cruzaban, uno saludaba al otro exclamando: “Ultreia”, y el otro respondía: “et Suseia”. Son expresiones de aliento para continuar la búsqueda y el riesgo de caminar, diciéndonos mutuamente: “¡Vamos, ánimo, sigue adelante!”. Y esto es lo que yo también deseo para todos ustedes con todo mi corazón. Gracias.
Traduzione in lingua portoghese
Queridos irmãos e irmãs, bom dia!
Obrigado, senhora Reitora, pelas suas palavras. Obrigado! Afirmou que todos nos sentimos «peregrinos», palavra esta cujo significado merece ser meditado. Literalmente, quer dizer deixar de lado a rotina habitual e pôr-se a caminho com um intento, que pode ser o de um passeio pelos campos ou ir mais além dos nossos confins habituais; seja como for, deixando o espaço de conforto pessoal rumo a um horizonte de sentido. Na imagem do «peregrino», espelha-se a conduta humana, pois todos somos chamados a confrontar-nos com grandes interrogativos que não têm resposta, não têm uma resposta simplista ou imediata, mas convidam a realizar uma viagem, superando-se a si mesmo, indo mais além. Trata-se dum processo que um universitário compreende bem, pois é assim que nasce a ciência. E de igual modo cresce também a busca espiritual. Peregrino é caminhar para uma meta ou à procura duma meta. Há sempre o perigo de mover-se num labirinto, onde não há meta, nem saída. Desconfiemos das fórmulas pré-fabricadas (são labirínticas), desconfiemos das respostas que nos parecem ao alcance da mão, das respostas extraídas da manga como se fossem cartas viciadas de jogar; desconfiemos das propostas que parecem dar tudo sem pedir nada. Desconfiemos. A difidência é uma arma para poder caminhar para diante e não continuar às voltas. Vemos numa parábola de Jesus que só encontra a pérola de grande valor quem a procura com sabedoria e com espírito de iniciativa, quem dá tudo e arrisca tudo o que tem para a possuir (cf. Mt 13, 45-46). Procurar e arriscar: estes são os dois verbos do peregrino. Procurar e arriscar.
Fernando Pessoa diz, de modo atormentado mas correto, que «ser descontente é ser homem» (Mensagem, O Quinto Império). Não devemos ter medo de nos sentir inquietos, de pensar que tudo o que possamos fazer não basta. Neste sentido e dentro duma justa medida, estar insatisfeito é um bom antídoto contra a presunção de autossuficiência e contra o narcisismo. O caráter incompleto define a nossa condição de indagadores e peregrinos; como diz Jesus, estamos no mundo, mas não somos do mundo (cf. Jo 17, 16). Estamos caminhando «para». Somos chamados a algo mais, a uma decolagem sem a qual não há voo. Portanto, não nos alarmemos se nos encontramos intimamente sedentos, inquietos, incompletos, desejosos de sentido e de futuro, com saudade do futuro. E aqui, junto com a saudade do futuro, não vos esqueçais de manter viva a memória do futuro. Não estamos doentes, estamos vivos! Preocupemo-nos antes quando estamos prontos a substituir a estrada a fazer por uma paragem em qualquer estação de serviço que nos dê a ilusão do conforto; quando substituímos os rostos pelos ecrãs, o real pelo virtual; quando, em vez das perguntas lacerantes, preferimos as respostas fáceis que anestesiam. E podemos encontrá-las em qualquer manual de relações sociais, de bom comportamento. As respostas fáceis anestesiam.
Amigos, permiti que vos diga: procurai e arriscai. Neste momento histórico, os desafios são enormes, os gemidos dolorosos: estamos a viver uma terceira guerra mundial feita aos pedaços. Mas abracemos o risco de pensar que não estamos numa agonia, mas num parto; não no fim, mas no início dum grande espetáculo. E é precisa coragem para pensar assim. Por isso sede protagonistas duma «nova coreografia» que coloque no centro a pessoa humana, sede coreógrafos da dança da vida. As palavras da senhora Reitora serviram-me de inspiração sobretudo quando afirmou que «a universidade não existe para se preservar como instituição, mas para responder com coragem aos desafios do presente e do futuro». A auto-preservação é uma tentação, é um reflexo condicionado pelo medo, que nos faz olhar para a existência de forma distorcida. Se as sementes se preservassem a si mesmas, desperdiçariam completamente a sua força geradora e condenar-nos-iam à fome; se os invernos se preservassem a si mesmos, não existiria a maravilha da primavera. Por isso, tende a coragem de substituir os medos pelos sonhos: substituí os medos pelos sonhos, não sejais administradores de medos, mas empreendedores de sonhos!
À universidade que se comprometeu a formar as novas gerações, seria um desperdício pensá-la apenas para perpetuar o atual sistema elitista e desigual do mundo com o ensino superior que continua a ser um privilégio de poucos. Se o conhecimento não for acolhido como uma responsabilidade, torna-se estéril. Se quem recebeu um ensino superior – que hoje, em Portugal e no mundo, continua a ser um privilégio –, não se esforça por restituir aquilo de que beneficiou, significa que não compreendeu profundamente o que lhe foi oferecido. Gosto de pensar que, no Génesis, as primeiras perguntas que Deus faz ao homem são: «Onde estás?» (3, 9) e «Onde está o teu irmão?» (4, 9). Far-nos-á bem perguntar-nos: Onde estou? Permaneço fechado no meu mundo ou abraço o risco de sair das minhas seguranças para me tornar um cristão praticante, um artesão de justiça, um artesão da beleza? E perguntemo-nos ainda: Onde está o meu irmão? Experiências de serviço fraterno como a «Missão País» e muitas outras, que nascem no meio académico, deveriam ser consideradas indispensáveis para quem passa por uma universidade. Com efeito, o título de estudo não deve ser visto apenas como uma licença para construir o bem-estar pessoal, mas como um mandato para se dedicar a uma sociedade mais justa, uma sociedade mais inclusiva, ou seja, mais desenvolvida. Disseram-me que a vossa grande poetisa Sophia de Mello Breyner Andresen, em entrevista que é uma espécie de testamento, à pergunta «o que gostaria de ver realizado em Portugal neste novo século?», respondeu sem hesitar: «Gostaria que se realizasse a justiça social, a diminuição das diferenças entre ricos e pobres» (“Entrevista feita por Joaci Oliveira”, Cidade Nova, nº 3/2001). Dirijo agora a mesma pergunta a vós, caros estudantes, peregrinos do saber: Que quereis ver realizado em Portugal e no mundo? Quais mudanças, qual transformação? E como pode a universidade, especialmente a Católica, contribuir para isso?
Beatriz, Mahoor, Mariana, Tomás, agradeço os vossos testemunhos. Em todos havia um tom de esperança, uma carga de entusiasmo realista, sem queixumes nem escapadelas idealistas. Quereis ser protagonistas, «protagonistas da mudança», como disse a Mariana. Ao escutar-vos veio-me ao pensamento uma frase do escritor Almada Negreiros, que talvez vos seja familiar: «Sonhei com um país onde todos chegavam a Mestres» (A Invenção do Dia Claro). Também este idoso que vos fala (é que já estou velho), este idoso sonha que a vossa geração se torne uma geração de mestres: mestres de humanidade, mestres de compaixão, mestres de novas oportunidades para o planeta e seus habitantes, mestres de esperança. E mestres que defendam a vida do planeta, ameaçada neste momento por uma grave destruição ecológica.
Como alguns de vós sublinharam, devemos reconhecer a urgência dramática de cuidar da casa comum. No entanto, isso não pode ser feito sem uma conversão do coração e uma mudança da visão antropológica subjacente à economia e à política. Não podemos contentar-nos com simples medidas paliativas ou com tímidos e ambíguos compromissos. Neste caso, «os meios-termos são apenas um pequeno adiamento do colapso» (Francisco, Carta enc. Laudato si’, 194). Não vos esqueçais disto: os meios-termos são apenas um pequeno adiamento do colapso. Trata-se, pelo contrário, de tomar a peito o que infelizmente continua a ser adiado, ou seja, a necessidade de redefinir o que chamamos progresso e evolução. É que, em nome do progresso, já se abriu caminho a um grande retrocesso. Pensai bem nisto que vos digo: em nome do progresso, já se abriu caminho a um grande retrocesso. Vós sois a geração que pode vencer este desafio: tendes instrumentos científicos e tecnológicos mais avançados, mas, por favor, não vos deixeis cair na cilada de visões parciais. Não esqueçais que temos necessidade duma ecologia integral, de escutar o sofrimento do planeta juntamente com o dos pobres; necessidade de colocar o drama da desertificação em paralelo com o dos refugiados; o tema das migrações juntamente com o da queda da natalidade; necessidade de nos ocuparmos da dimensão material da vida no âmbito duma dimensão espiritual. Não queremos polarizações, mas visões de conjunto.
Obrigado, Tomás, por nos teres dito que «não é possível uma verdadeira ecologia integral sem Deus, que não pode haver futuro num mundo sem Deus». Também eu gostaria de vos dizer: tornai credível a fé através das decisões. Porque se a fé não gera estilos de vida convincentes, não faz levedar a massa do mundo. Não basta que um cristão esteja convencido, deve ser convincente; as nossas ações são chamadas a refletir a beleza jubilosa e simultaneamente radical do Evangelho. Além disso, o cristianismo não pode ser habitado como uma fortaleza cercada de muros, que ergue baluartes contra o mundo. Por isso, achei tocante o testemunho de Beatriz, quando disse que é precisamente «a partir do campo da cultura» que se sente chamada a viver as Bem-aventuranças. Em cada época, uma das tarefas mais importantes para os cristãos é a de recuperar o sentido da encarnação. Sem a encarnação, o cristianismo torna-se uma ideologia e a tentação das «ideologias» cristãs (entre aspas), é muito atual; é a encarnação que permite maravilhar-se com a beleza que Cristo revela através de cada irmão e irmã, cada homem e mulher.
A propósito, é interessante que, na vossa nova cátedra dedicada à «Economia de Francisco», tenhais acrescentado a figura de Clara. De facto, é indispensável o contributo feminino. No inconsciente coletivo, quantas vezes se pensa que as mulheres são de segunda categoria, são reservas, não jogam como titulares. Isto existe no inconsciente coletivo. Mas a contribuição feminina é indispensável. Aliás vê-se, na Bíblia, como a economia familiar está em grande parte na mão da mulher. É ela a verdadeira «governante» da casa, com uma sabedoria que não visa exclusivamente o lucro, mas o cuidado, a convivência, o bem-estar físico e espiritual de todos, bem como a partilha com os pobres e os estrangeiros. E abordar os estudos económicos com esta perspetiva é entusiasmante, tendo em vista devolver à economia a dignidade que lhe compete, para que não caia como presa do mercado selvagem e da especulação.
A iniciativa do Pacto Educativo Global e os sete princípios da sua arquitetura incluem muitos desses temas, desde o cuidado da casa comum à plena participação das mulheres, à necessidade de encontrar novas formas de entender a economia, a política, o crescimento e o progresso. Convido-vos a estudar o Pacto Educativo Global, a apaixonar-vos por ele. Um dos pontos que trata é a educação para o acolhimento e a inclusão. E não podemos fingir que não ouvimos as palavras de Jesus no capítulo 25 de Mateus: «era estrangeiro e recolhestes-me» (25, 35). Acompanhei emocionado o testemunho de Mahoor, quando lembrou o que significa viver com o «sentimento constante de ausência de um lar, da família, dos amigos, (...) de ter ficado sem teto, sem universidade, sem dinheiro, (...) cansada, exausta e abatida pela dor e pelas perdas». Disse-nos que reencontrou a esperança porque alguém acreditou no impacto transformador da cultura do encontro. Sempre que alguém pratica um gesto de hospitalidade, desencadeia uma transformação.
Amigos, estou muito contente por vos ver como uma comunidade educativa viva, aberta à realidade e consciente de que o Evangelho não se limita a servir de ornamento, mas anima as partes e o todo. Sei que o vosso percurso engloba diversos âmbitos: estudo, amizade, serviço social, responsabilidade civil e política, cuidado da casa comum, expressões artísticas... Ser uma universidade católica significa, antes de mais nada, que cada elemento está em relação com o todo e o todo revê-se nas partes. Assim, ao mesmo tempo que se adquirem competências científicas, vai-se amadurecendo como pessoa, no conhecimento de si mesmo e no discernimento do próprio caminho. Caminho, sim; labirinto, não. Então avante! Uma tradição medieval conta que quando os peregrinos se cruzavam no Caminho de Santiago, um saudava o outro exclamando «Ultreia» ao que este respondia «et Suseia». Trata-se de expressões de encorajamento para prosseguir a busca e o risco da caminhada, dizendo-se mutuamente: «Vai mais longe e mais alto!» «Coragem, força, anda para diante!» E isto é o que também eu vos desejo, de todo o meu coração, a todos vós. Obrigado!
Cari fratelli e sorelle, buongiorno!
Grazie, Signora Rettrice, per le sue parole. Obrigado! Ha detto che tutti ci sentiamo «pellegrini». È una parola bella, il cui significato merita di essere meditato; letteralmente vuol dire lasciare da parte la routine abituale e mettersi in cammino con un’intenzione, muovendosi «attraverso i campi» o «oltre i propri confini», cioè fuori dalla propria zona di comfort verso un orizzonte di senso. Nel termine “pellegrino” vediamo rispecchiata la condizione umana, perché ognuno è chiamato a confrontarsi con grandi domande che non hanno risposta, una risposta semplicistica o immediata, ma invitano a compiere un viaggio, a superare sé stessi, ad andare oltre. È un processo che un universitario comprende bene, perché così nasce la scienza. E così cresce pure la ricerca spirituale. Essere pellegrino è camminare verso una meta o cercando una meta. C’è sempre il pericolo di camminare in un labirinto, dove non c’è meta. E nemmeno uscita. Diffidiamo delle formule prefabbricate – sono labirintiche –, diffidiamo delle risposte che sembrano a portata di mano, di quelle risposte sfilate dalla manica come carte da gioco truccate; diffidiamo di quelle proposte che sembrano dare tutto senza chiedere nulla. Diffidiamo! Questa diffidenza è un’arma per poter andare avanti e non continuare a girare in tondo. Una delle parabole di Gesù dice che la perla di grande valore colui la cerca con intelligenza e con intraprendenza, e dà tutto, rischia tutto ciò che ha per averla (cfr Mt 13,45-46). Cercare e rischiare: ecco i due verbi del pellegrino. Cercare e rischiare.
Pessoa ha detto, in modo tormentato ma corretto, che «essere insoddisfatti è essere uomini» (Mensagem, O Quinto Império). Non dobbiamo aver paura di sentirci inquieti, di pensare che quanto facciamo non basti. Essere insoddisfatti, in questo senso e nella giusta misura, è un buon antidoto contro la presunzione di autosufficienza e contro il narcisismo. L’incompletezza caratterizza la nostra condizione di cercatori e pellegrini; come dice Gesù, “siamo nel mondo, ma non siamo del mondo” (cfr Gv 17,16). Siamo in cammino verso… Siamo chiamati a qualcosa di più, a un decollo senza il quale non c’è volo. Non allarmiamoci allora se ci troviamo interiormente assetati, inquieti, incompiuti, desiderosi di senso e di futuro, com saudade do futuro! E qui, insieme alla saudade do futuro, non dimenticatevi di mantenere viva la memoria del futuro. Non siamo malati, siamo vivi! Preoccupiamoci piuttosto quando siamo disposti a sostituire la strada da fare col fare sosta in qualsiasi punto di ristoro, purché ci dia l’illusione della comodità; quando sostituiamo i volti con gli schermi, il reale con il virtuale; quando, al posto delle domande che lacerano, preferiamo le risposte facili che anestetizzano. E le possiamo trovare in qualsiasi manuale sui rapporti sociali, su come comportarsi bene. Le risposte facili anestetizzano.
Amici, permettetemi di dirvi: cercate e rischiate, cercate e rischiate. In questo frangente storico le sfide sono enormi, e i gemiti dolorosi. Stiamo vedendo una terza guerra mondiale a pezzi. Ma abbracciamo il rischio di pensare che non siamo in un’agonia, bensì in un parto; non alla fine, ma all’inizio di un grande spettacolo. Ci vuole coraggio per pensare questo. Siate dunque protagonisti di una “nuova coreografia” che metta al centro la persona umana, siate coreografi della danza della vita. Le parole della Signora Rettrice sono state per me ispiratrici, in particolare quando ha detto che «l’università non esiste per preservarsi come istituzione, ma per rispondere con coraggio alle sfide del presente e del futuro». L’autopreservazione è una tentazione, è un riflesso condizionato della paura, che fa guardare all’esistenza in modo distorto. Se i semi preservassero sé stessi, sprecherebbero completamente la loro potenza generativa e ci condannerebbero alla fame; se gli inverni preservassero sé stessi, non ci sarebbe la meraviglia della primavera. Abbiate perciò il coraggio di sostituire le paure coi sogni. Sostituite le paure coi sogni: non siate amministratori di paure, ma imprenditori di sogni!
Sarebbe uno spreco pensare a un’università impegnata a formare le nuove generazioni solo per perpetuare l’attuale sistema elitario e diseguale del mondo, in cui l’istruzione superiore resta un privilegio per pochi. Se la conoscenza non viene accolta come responsabilità, diventa sterile. Se chi ha ricevuto un’istruzione superiore (che oggi, in Portogallo e nel mondo, rimane un privilegio) non si sforza di restituire ciò di cui ha beneficiato, non ha capito fino in fondo cosa gli è stato offerto. Mi piace pensare al Libro della Genesi; le prime domande che Dio pone all’uomo sono: «Dove sei?» (Gen 3,9) e «Dov’è tuo fratello?» (Gen 4,9). Ci farà bene chiederci: dove sono? Me ne sto chiuso nella mia bolla o corro il rischio di uscire dalle mie sicurezze per diventare un cristiano praticante, un artigiano della giustizia, un artigiano della bellezza? E ancora: Dov’è mio fratello? Esperienze di servizio fraterno come la Missão País e molte altre che nascono in ambito accademico dovrebbero essere considerate indispensabili per chi passa da un’università. Il titolo di studio non deve infatti essere visto solo come una licenza per costruire il benessere personale, ma come un mandato per dedicarsi a una società più giusta, una società più inclusiva, cioè più progredita. Mi è stato detto che una vostra grande poetessa, Sophia de Mello Breyner Andresen, in un’intervista che è una sorta di testamento, alla domanda: «Che cosa le piacerebbe vedere realizzato in Portogallo in questo nuovo secolo?», ha risposto senza esitare: «Vorrei vedere realizzata la giustizia sociale, la riduzione del divario tra ricchi e poveri» (Entrevista de Joaci Oliveira, in Cidade Nova, nº 3/2001). Giro a voi questa domanda. Voi, cari studenti, pellegrini del sapere, cosa volete vedere realizzato in Portogallo e nel mondo? Quali cambiamenti, quali trasformazioni? E in che modo l’università, soprattutto quella cattolica, può contribuirvi?
Beatriz, Mahoor, Mariana, Tomás, vi ringrazio per le vostre testimonianze. Avevano tutte un tono di speranza, una carica di entusiasmo realista, senza lamentele ma nemmeno senza fughe in avanti idealiste. Volete essere «protagonisti, protagonisti del cambiamento», come ha detto Mariana. Ascoltandovi, ho pensato a una frase che forse vi è familiare, dello scrittore José de Almada Negreiros: «Ho sognato un Paese in cui tutti arrivavano a essere maestri» (A Invenção do Dia Claro). Anche questo anziano che vi parla – ormai sono vecchio –, sogna che la vostra generazione divenga una generazione di maestri. Maestri di umanità. Maestri di compassione. Maestri di nuove opportunità per il pianeta e i suoi abitanti. Maestri di speranza. E maestri che difendano la vita del pianeta, minacciata in questo momento da una grave distruzione ecologica.
Come alcuni di voi hanno sottolineato, dobbiamo riconoscere l’urgenza drammatica di prenderci cura della casa comune. Tuttavia, ciò non può essere fatto senza una conversione del cuore e un cambiamento della visione antropologica alla base dell’economia e della politica. Non ci si può accontentare di semplici misure palliative o di timidi e ambigui compromessi. In questo caso «le vie di mezzo sono solo un piccolo ritardo nel disastro» (Lett. enc. Laudato si’, 194). Non dimenticatelo: le vie di mezzo sono solo un piccolo ritardo nel disastro. Si tratta invece di farsi carico di quello che purtroppo continua a venir rinviato: ossia la necessità di ridefinire ciò che chiamiamo progresso ed evoluzione. Perché, in nome del progresso, si è fatto strada troppo regresso. Studiate bene questo che vi dico: in nome del progresso, si è fatto strada troppo regresso. Voi siete la generazione che può vincere questa sfida: avete gli strumenti scientifici e tecnologici più avanzati ma, per favore, non cadete nella trappola di visioni parziali. Non dimenticate che abbiamo bisogno di un’ecologia integrale, abbiamo bisogno di ascoltare la sofferenza del pianeta insieme a quella dei poveri; abbiamo bisogno di mettere il dramma della desertificazione in parallelo con quello dei rifugiati; il tema delle migrazioni insieme a quello della denatalità; abbiamo bisogno di occuparci della dimensione materiale della vita all’interno di una dimensione spirituale. Non creare polarizzazioni, ma visioni d’insieme.
Grazie, Tomás, per aver detto che «non è possibile un’autentica ecologia integrale senza Dio, che non può esserci futuro in un mondo senza Dio». Vorrei dirvi: rendete la fede credibile attraverso le scelte. Perché se la fede non genera stili di vita convincenti non fa lievitare la pasta del mondo. Non basta che un cristiano sia convinto, deve essere convincente; le nostre azioni sono chiamate a riflettere la bellezza, gioiosa e insieme radicale, del Vangelo. Inoltre, il cristianesimo non può essere abitato come una fortezza circondata da mura, che alza bastioni nei confronti del mondo. Perciò ho trovato toccante la testimonianza di Beatriz, quando ha detto che proprio «a partire dal campo della cultura» si sente chiamata a vivere le Beatitudini. In ogni epoca uno dei compiti più importanti per i cristiani è recuperare il senso dell’incarnazione. Senza l’incarnazione, il cristianesimo diventa ideologia – e la tentazione delle ideologie cristiane, tra virgolette, è molto attuale. È l’incarnazione che permette di essere stupiti dalla bellezza che Cristo rivela attraverso ogni fratello e sorella, ogni uomo e donna.
A tale proposito, è interessante che nella vostra nuova cattedra dedicata all’«Economia di Francesco» abbiate aggiunto la figura di Chiara. Il contributo femminile è indispensabile. Nell’inconscio collettivo, quante volte si pensa che le donne sono di seconda categoria, sono riserve, non giocano come titolari. Questo esiste nell’inconscio collettivo. Il contributo femminile è indispensabile. Del resto, nella Bibbia si vede come l’economia della famiglia è in larga parte in mano alla donna. Lei, con la sua saggezza, è la vera “reggente” della casa, che non ha per fine esclusivamente il profitto, ma la cura, la convivenza, il benessere fisico e spirituale di tutti, e pure la condivisione con i poveri e i forestieri. È entusiasmante intraprendere gli studi economici con questa prospettiva: con l’obiettivo di restituire all’economia la dignità che le spetta, perché non sia preda del mercato selvaggio e della speculazione.
L’iniziativa del Patto Educativo Globale, e i sette principi che ne formano l’architettura, includono molti di questi temi, dalla cura della casa comune alla piena partecipazione delle donne, fino alla necessità di trovare nuove modalità d’intendere l’economia, la politica, la crescita e il progresso. Vi invito a studiare il Patto educativo globale e ad appassionarvene. Uno dei punti che tratta è l’educazione all’accoglienza e all’inclusione. Non possiamo fingere di non aver sentito le parole di Gesù nel capitolo 25 di Matteo: «ero straniero e mi avete accolto» (v. 35). Ho seguito con emozione la testimonianza di Mahoor, quando ha evocato cosa significa vivere con «il sentimento costante di assenza di un focolare, della famiglia, degli amici […], di essere rimasta senza casa, senza università, senza soldi […], stanca, esausta e abbattuta dal dolore e dalle perdite». Ci ha detto di aver ritrovato speranza perché qualcuno ha creduto nell’impatto trasformante della cultura dell’incontro. Ogni volta che qualcuno pratica un gesto di ospitalità, provoca una trasformazione.
Amici, sono molto contento di vedervi comunità educativa viva, aperta alla realtà, e consapevoli che il Vangelo non fa da ornamento, ma anima le parti e l’insieme. So che il vostro percorso comprende diversi ambiti: studio, amicizia, servizio sociale, responsabilità civile e politica, cura della casa comune, espressioni artistiche... Essere un’università cattolica vuol dire anzitutto questo: che ogni elemento è in relazione al tutto e che il tutto si ritrova nelle parti. Così, mentre si acquisiscono le competenze scientifiche, si matura come persone, nella conoscenza di sé e nel discernimento della propria strada. Strada sì, labirinto no. Allora, avanti! Una tradizione medievale racconta che quando i pellegrini del Cammino di Santiago si incrociavano, uno salutava l’altro esclamando «Ultreia» e l’altro rispondeva «et Suseia». Sono espressioni di incoraggiamento a continuare la ricerca e il rischio del cammino, dicendoci reciprocamente: “Dai, coraggio, vai avanti!”.
Questo è ciò che auguro anch’io a tutti voi, con tutto il cuore. Grazie.
Chers frères et sœurs, bonjour!
Merci, Madame la Rectrice, pour vos paroles. Obrigado. Vous avez dit que nous nous sentons tous «pèlerins». C’est un beau mot dont la signification mérite d’être méditée. Il signifie littéralement laisser de côté la routine habituelle et se mettre en chemin avec une intention, en se déplaçant «à travers les champs» ou «au-delà de ses frontières», c’est-à-dire hors de sa zone de confort, vers un horizon de sens. Dans le mot “pèlerin”, nous voyons se refléter la condition humaine, parce que chacun est appelé à se confronter à de grandes questions qui n’ont pas de réponse, une réponse simpliste ou immédiate, mais qui invitent à accomplir un voyage, à se dépasser, à aller plus loin. C’est un processus qu’un universitaire comprend bien, car la science naît ainsi. Et ainsi grandit également la recherche spirituelle. Être pèlerin, c’est marcher vers un but ou chercher un but. Il y a toujours le danger de marcher dans un labyrinthe, où il n’y a pas d’objectif. Et même pas de sortie. Méfions-nous des formules préfabriquées – ce sont des labyrinthes – méfions-nous des réponses qui semblent à portée de main, tirées de la manche comme des cartes à jouer truquées; méfions-nous de ces propositions qui semblent tout donner sans rien demander. Méfions-nous! Cette méfiance est une arme pour pouvoir avancer et ne pas continuer à tourner en rond. Dans une parabole de Jésus, trouve la perle de grande valeur celui qui la cherche avec intelligence et avec un esprit d’initiative, et il donne tout, il risque tout ce qu’il a pour l’avoir (cf. Mt 13, 45-46). Chercher et risquer: voilà les deux verbes du pèlerin. Chercher et risquer.
Pessoa a dit, de manière tourmentée mais correcte, qu’ «être insatisfait, c’est être homme» (Mensagem, O Quinto Império). N’ayons pas peur de nous sentir inquiets, de penser que ce que nous faisons ne suffit pas. Être insatisfait, dans ce sens et dans une juste mesure, est un bon antidote contre la présomption d’autosuffisance et contre le narcissisme. L’imperfection caractérise notre condition de chercheurs et de pèlerins, comme dit Jésus, nous sommes dans le monde, mais nous ne sommes pas du monde (cf. Jn 17, 16). Nous marchons “vers”. Nous sommes appelés à quelque chose de plus, à un décollage sans lequel il n’y a pas de vol. Ne nous alarmons pas alors si nous nous trouvons assoiffés de l’intérieur, inquiets, inachevés, avides de sens et d’avenir, com saudades do futuro! Et ici, avec la saudade de l’avenir, n’oubliez pas de garder vivante la mémoire de l’avenir. Ne soyons pas malades, soyons vivants! Inquiétons-nous plutôt lorsque nous sommes prêts à remplacer la route à faire par un quelconque point de rafraîchissement, pourvu qu’il nous donne l’illusion du confort; lorsque nous remplaçons les visages par les écrans, le réel par le virtuel; lorsque, à la place des questions qui déchirent, nous préférons les réponses faciles qui anesthésient. Et nous pouvons les trouver dans n’importe quel manuel sur les relations sociales, comment bien se comporter. Les réponses faciles anesthésient.
Chers amis, permettez-moi de vous dire: cherchez et risquez. En ce moment historique, les défis sont énormes, les gémissements douloureux – nous vivons une troisième guerre mondiale par morceaux –, mais nous embrassons le risque de penser que nous ne sommes pas en agonie, mais en accouchement; non pas à la fin, mais au début d’un grand spectacle. Il faut du courage pour penser cela. Soyez donc des protagonistes d’une “nouvelle chorégraphie” qui mette au centre la personne humaine, soyez chorégraphes de la danse de la vie. Les paroles de Madame la Rectrice ont été pour moi inspirantes, en particulier quand elle a dit que «l’université n’existe pas pour se préserver comme institution, mais pour répondre avec courage aux défis du présent et de l’avenir». L’auto-préservation est une tentation, c’est un réflexe conditionné par la peur qui fait regarder l’existence de manière déformée. Si les graines se préservaient, elles gaspilleraient complètement leur puissance génératrice et elles nous condamneraient à la faim; si les hivers se préservaient, il n’y aurait pas l’émerveillement du printemps. Ayez donc le courage de remplacer les peurs par des rêves. Remplacez les peurs par les rêves: ne soyez pas administrateurs de peurs, mais des entrepreneurs de rêves!
Ce serait un gaspillage de penser à une université engagée à former les nouvelles générations uniquement pour perpétuer le système élitiste et inégal actuel du monde, où l’enseignement supérieur reste un privilège pour quelques-uns. Si la connaissance n’est pas accueillie comme une responsabilité, elle devient stérile. Si celui qui a reçu un enseignement supérieur (qui reste aujourd’hui, au Portugal et dans le monde, un privilège) ne s’efforce pas de restituer ce dont il a bénéficié, il n’a pas compris tout à fait ce qui lui a été offert. J’aime penser au Livre de la Genèse; les premières questions que Dieu pose à l’homme sont: «Où es-tu?» (Gn 3, 9) et «Où est ton frère?» (Gn 4, 9). Ça nous fera du bien de nous demander, demandons-nous: Où suis-je? Suis-je enfermé dans ma bulle ou est-ce que je cours le risque de sortir de mes sécurités pour devenir un chrétien pratiquant, un artisan de justice, un artisan de beauté? Et encore: Où est mon frère? Des expériences de service fraternel comme la Missão Pais et beaucoup d’autres qui naissent du milieu académique devraient être considérées comme indispensables pour ceux qui passent par une université. Le diplôme ne doit en effet pas être considéré seulement comme une permission pour construire le bien-être personnel, non, mais comme un mandat pour se consacrer à une société plus juste, une société plus inclusive, c’est-à-dire plus avancée. On m’a dit qu’une de vos grandes poètes, Sophia de Mello Breyner Andresen, dans une interview qui est une sorte de testament, à la question: «Qu’aimeriez-vous voir réalisé au Portugal en ce nouveau siècle?», a répondu sans hésiter: «Je voudrais voir la justice sociale réalisée, la réduction du fossé entre riches et pauvres» (Entrevista de Joaci Oliveira, in Cidade Nova, nº 3/2001). Je vous adresse en retour cette question. Vous, chers étudiants, pèlerins du savoir, que voulez-vous voir réalisé au Portugal et dans le monde? Quels changements, quelle transformation? Et comment l’université, surtout l’université catholique, peut-elle y contribuer?
Beatriz, Mahoor, Mariana, Tomás, je vous remercie pour vos témoignages. Ils ont tous un ton d’espérance, une charge d’enthousiasme réaliste, sans plaintes ni fuites en avant idéalistes. Vous voulez être protagonistes, «protagonistes du changement», comme l’a dit Mariana. En vous écoutant, j’ai pensé à une phrase qui vous est peut-être familière, de l’écrivain José de Almada Negreiros: «J’ai rêvé d’un pays où tous parvenaient à être maîtres» (A Invenção do Dia Claro). De même, cet ancien qui vous parle – je suis vieux maintenant –, rêve que votre génération devienne une génération de maîtres. Maîtres d’humanité. Maîtres de compassion. Maîtres de nouvelles opportunités pour la planète et ses habitants. Maîtres d’espérance. Et des maîtres qui défendent la vie de la planète, menacée en ce moment par une grave destruction écologique.
Comme certains d’entre vous l’ont souligné, nous devons reconnaître l’urgence dramatique de prendre soin de la maison commune. Cependant, cela ne peut se faire sans une conversion du cœur et un changement de la vision anthropologique qui est à la base de l’économie et de la politique. On ne peut se contenter de simples mesures palliatives ou de compromis timides et ambigus, car, «les justes milieux retardent seulement un peu l’effondrement» (Lett. enc. Laudato si’, n. 194). N’oubliez pas ceci. Les termes moyens ne sont qu’un petit retard dans l’effondrement. Il s’agit au contraire de prendre en charge ce qui, malheureusement, continue à être reporté: la nécessité de redéfinir ce que nous appelons progrès et évolution. Parce que, au nom du progrès, on a fait trop de chemin à reculons. Étudiez bien ce que je vous dis. Au nom du progrès, la voie est ouverte à une grande régression. Vous êtes la génération qui peut relever ce défi: vous avez les outils scientifiques et technologiques les plus avancés mais, s’il vous plaît, ne tombez pas dans le piège de visions partielles. N’oubliez pas que nous avons besoin d’une écologie intégrale, d’écouter la souffrance de la planète en même temps que celle des pauvres; de mettre le drame de la désertification en parallèle avec celui des réfugiés; le thème des migrations avec celui de la dénatalité; de nous occuper de la dimension matérielle de la vie dans une dimension spirituelle. Pas des polarisations, mais des visions d’ensemble.
Merci, Tomás, pour avoir dit qu’ «une authentique écologie intégrale sans Dieu n’est pas possible, qu’il ne peut y avoir d’avenir dans un monde sans Dieu». Je voudrais vous dire: rendez la foi crédible à travers les choix. Car si la foi n’engendre pas des styles de vie convaincants, elle ne fait pas lever la pâte du monde. Il ne suffit pas qu’un chrétien soit convaincu, il doit être convaincant; nos actions sont appelées à refléter la beauté, joyeuse et à la fois radicale, de l’Évangile. En outre, le christianisme ne peut pas être habité comme une forteresse entourée de murs, qui élève des bastions contre le monde. C’est pourquoi j’ai trouvé émouvant le témoignage de Beatriz, quand elle a dit qu’ «à partir du champ de la culture» elle se sent appelée à vivre les Béatitudes. À chaque époque, l’une des tâches les plus importantes pour les chrétiens est de retrouver le sens de l’incarnation. Sans l’incarnation, le christianisme devient une idéologie et la tentation des idéologies chrétiennes, entre guillemets, est très actuelle. C’est l’incarnation qui permet d’être émerveillé de la beauté que le Christ révèle à travers chaque frère et sœur, chaque homme et chaque femme.
À ce propos, il est intéressant que, dans votre nouvelle chaire consacrée à l’ «Économie de François», vous ayez ajouté la figure de Claire. En effet, la contribution des femmes est indispensable. Dans l’inconscient collectif, combien de fois on pense que les femmes sont de deuxième catégorie, qu’elles sont des réserves, qu’elles ne jouent pas en tant que titulaires. Cela existe dans l’inconscient collectif. La contribution féminine est indispensable. On voit d’ailleurs dans la Bible comment l’économie de la famille est en grande partie entre les mains de la femme. C’est elle la véritable “régente” de la maison, avec une sagesse qui n’a pas pour but exclusif le profit, mais le soin, la coexistence, le bien-être physique et spirituel de chacun, et aussi le partage avec les pauvres et les étrangers. Et il est passionnant d’aborder les études économiques dans cette perspective: avec le but de redonner à l’économie la dignité qui lui revient, afin qu’elle ne soit pas la proie du marché sauvage et de la spéculation.
L’initiative du Pacte Éducatif Mondial, et les sept principes qui en forment l’architecture, comprennent beaucoup de ces thèmes, du soin de la maison commune à la pleine participation des femmes, jusqu’à la nécessité de trouver de nouvelles façons de comprendre l’économie, la politique, la croissance et le progrès. Je vous invite à étudier ce Pacte Éducatif Mondial, vous en passionner. L’un des points qu’il traite est l’éducation à l’accueil et à l’inclusion. Et nous ne pouvons pas feindre de ne pas avoir entendu les paroles de Jésus au chapitre 25 de Matthieu: «J’étais un étranger, et vous m’avez accueilli» (v. 35). J’ai écouté avec émotion le témoignage de Mahoor, quand elle a évoqué ce que signifie vivre avec «le sentiment constant d’absence d’un foyer, d’une famille, d’amis [...], d’être restée sans maison, sans université, sans argent [...], fatiguée et épuisée et abattue par la douleur et les pertes». Elle nous a dit qu’elle avait retrouvé l’espoir parce que quelqu’un avait cru en l’impact transformant de la culture de la rencontre. Chaque fois que quelqu’un pratique un geste d’hospitalité, il provoque une transformation.
Chers amis, je suis très heureux de vous voir comme une communauté éducative vivante, ouverte à la réalité, et conscients que l’Évangile qui ne sert pas d’ornement mais qui anime les parties et l’ensemble. Je sais que votre parcours comprend différents domaines: études, amitié, service social, responsabilité civile et politique, soin de la maison commune, expressions artistiques... Être une université catholique signifie d’abord ceci: que chaque élément est en relation avec le tout et que le tout se retrouve dans les parties. Ainsi, en acquérant des compétences scientifiques, on mûrit en tant que personne dans la connaissance de soi et dans le discernement de sa propre voie. Voie oui, labyrinthe non. Alors, continuez! Une tradition médiévale raconte que lorsque les pèlerins du chemin de Saint Jacques se croisaient, l’un saluait l’autre en s’exclamant «Ultreia» et l’autre répondait «et Suseia». Ce sont des expressions d’encouragement à continuer la recherche et le risque du chemin, en nous disant mutuellement: “Allez, courage, va de l’avant!”. C’est ce que je souhaite aussi à vous tous, de tout mon cœur. Merci.
Dear brothers and sisters, bom dia!
Thank you, Madame Rector, for your kind words. Thank you! You said that all of us feel like “pilgrims”. That is a beautiful word, and one well worth reflecting on. To be a pilgrim literally means to put aside our daily routine and choose to set out on a different path, moving away from our comfort zone towards a new horizon of meaning. The notion of “pilgrimage” nicely describes our human condition for, like pilgrims, we find ourselves facing great questions that have no simple or immediate answers, but challenge us to continue the journey, to rise above ourselves and to press beyond the here and now. This is a process familiar to every university student, because that is how knowledge is born. It is also how spiritual journeys begin. To go on pilgrimage is to head towards a destination or seek out a goal. Yet, there is always the risk of heading off into a maze, with no goal in sight, and no way out! We are rightly wary of quick and easy answers, which can lead us into a maze; let us be wary of facile solutions that neatly resolve every issue without leaving room for deeper questions. Let us be wary! Indeed, our vigilance is a tool for helping us to move forwards instead of going round in circles. One of Jesus’ parables uses the example of a pearl of great price, which is sought and found only by the wise and resourceful, by those ready to give their all and risk everything they have in order to obtain it (cf. Mt 13:45-46). To seek and to risk: these are two words that describe the journey of pilgrims. To seek and to risk.
As Pessoa once noted, ruefully yet rightly: “To be dissatisfied is to be human” (Mensagem, “O Quinto Império”). We should not be afraid to feel somewhat ill at ease in thinking that what we are doing is not enough. Being ill at ease, in this sense and to the right degree, is a good antidote to the presumption of self-sufficiency and to narcissism. Our condition as seekers and pilgrims means that we will always be somewhat restless, for, as Jesus tells us, we are in the world, but not of the world (cf. Jn 17:15-16). We are always journeying “towards”. We are called to something higher, and we will never be able to soar unless we first take flight. We should not be alarmed, then, if we sense an inner thirst, a restless, unfulfilled longing for meaning and a future, com saudades do futuro! [Looking to the future]. And here, in addition to the saudades do futuro, do not forget to keep alive the memory of the future. We should not be lethargic, but alive! Indeed, we should only be worried when we are tempted to abandon the road ahead for a resting place that gives the illusion of comfort, or when we find ourselves replacing faces with screens, the real with the virtual, or resting content with easy answers that anesthetize us to painful and disturbing questions. Such answers can be found in any handbook on how to socialize, on how to behave well; but easy answers anesthetize us.
I would encourage you, then, to keep seeking and to be ready to take risks. At this moment in time, we are facing enormous challenges; we hear the painful plea of so many people. Indeed, we are experiencing a third world war fought piecemeal. Yet, let us find the courage to see our world not as in its death throes, but in a process of giving birth, not at the end, but at the beginning of a great new chapter of history. We need courage to think like this. So, work to bring about a new “choreography”, one that respects the “dance” of life by putting the human person at the centre. Your Rector’s words impressed me, especially when she said that “the university does not exist to preserve itself as an institution, but to respond courageously to the challenges of the present and the future”. Self-preservation is always a temptation, a knee-jerk reaction to fears that distort our view of reality. If seeds were to protect themselves, they would completely destroy their generative power and condemn all of us to starvation. If winter were to persist, we could not marvel at the spring. Have the courage, then, to replace your doubts with dreams. Replace your doubts with dreams: do not remain hostage to your fears, but set about working to realize your goals!
A university would have little use if it were simply to train the next generation to perpetuate the present global system of elitism and inequality, in which higher education is the privilege of a happy few. Unless knowledge is embraced as a responsibility, it bears little fruit. If someone who has benefited from a higher education – which nowadays in Portugal, as in the wider world, remains a privilege – makes no effort to give something in return, they have not fully appreciated the value of the gift they received. I like to recall that, in the book of Genesis, the first questions God asks are: “Where are you?” (Gen 3:9) and “Where is your brother?” (Gen 4:9). We do well to ask ourselves: Where am I? Am I trapped in my own bubble, or am I ready to take the risk of leaving my security behind and becoming a faithful Christian, working to shape a world of justice and beauty? Or again: Where is my brother or sister? Experiences of fraternal service such as the Missão País and many others that arise within academic communities ought to be considered essential for those attending university. An academic degree should not be seen merely as a licence to pursue personal wellbeing, but as a mandate to work for a more just and inclusive society, a truly progressive society. I am told that one of your great poets, Sophia de Mello Breyner Andresen, was asked in an interview, which served as a kind of testament: “What would you like to see Portugal achieve in this new century?” She answered without hesitation: “I would like to see the attainment of social justice, the reduction of the gap between rich and poor” (Interview with Joaci Oliveira, in Cidade Nova, No. 3/2001). I put this same question to you, dear students, as “pilgrims of knowledge”: What do you want to achieve in Portugal and in the world? What changes, what transformations? And how can universities, especially the Catholic university, contribute to this?
Beatriz, Mahoor, Mariana and Tomás, I thank you for your testimonies. They all struck a hopeful note, full of enthusiasm and realism; you did not complain or escape into flights of idealism. You want to be protagonists, “protagonists of change”, as Mariana told us. As I listened to you, I thought of a phrase from the writer José de Almada Negreiros, which you may know: “I dreamt of a country where everyone was able to become a teacher” (A Invenção do Dia Claro). This old man now speaking to you – for I am an old man! – also dreams that yours will become a generation of teachers! Teachers of humanity. Teachers of compassion. Teachers of new opportunities for our planet and its inhabitants. Teachers of hope. And teachers who defend the life of our planet, which today is threatened with severe ecological damage.
As some of you pointed out, we must recognize the dramatic and urgent need to care for our common home. Yet this cannot be done without a real change of heart and of the anthropological approaches undergirding economic and political life. We cannot be satisfied with mere “palliative” measures or timid and ambiguous compromises, for “halfway measures simply delay the inevitable disaster” (Laudato Si’, 194). Do not forget this! Halfway measures simply delay the inevitable disaster. Rather, it is a matter of confronting head-on what sadly continues to be postponed: namely, the need to redefine what we mean by progress and development. In the name of progress, we have often regressed. Please study this carefully: in the name of progress, we have often regressed. Yours can be the generation that takes up this great challenge. You have the most advanced scientific and technological tools, but please, avoid falling into the trap of myopic and partial approaches. Keep in mind that we need an integral ecology, attentive to the sufferings both of the planet and the poor. We need to align the tragedy of desertification with that of refugees, the issue of increased migration with that of a declining birth rate, and to see the material dimension of life within the greater purview of the spiritual. Instead of polarized approaches, we need a unified vision, a vision capable of embracing the whole.
Thank you, Tomás, for reminding us that “an authentic integral ecology is not possible without God, that there can be no future in a world without God”. In response, I would say: make your faith credible through your decisions. For unless faith gives rise to convincing lifestyles, it will not be a “leaven” in the world. It is not enough for us Christians to be convinced; we must also be convincing. Our actions are called to reflect, joyfully and radically, the beauty of the Gospel. Furthermore, Christianity cannot be lived as a fortress surrounded by high walls, one that raises the ramparts against the world. That is why I was moved by Beatriz’s testimony. She said that it is precisely “within the field of culture” that she feels called to live the Beatitudes. In every age, one of the most important tasks for Christians is to recover the meaning of the incarnation. Without the incarnation, Christianity becomes an ideology – and currently there is the temptation towards “Christian ideologies”. Whereas the incarnation enables us to be amazed by the beauty of Christ revealed through every brother and sister, every man and woman.
In this regard, it is significant that to your new academic chair, dedicated to the “Economy of Francesco”, you have added the figure of Saint Clare. Indeed, the contribution of women is essential. In the collective unconscious, how often is it thought that women are second-best, only reservists, not appearing in the starting lineup? This happens in the collective unconscious. Yet, the female contribution is indispensable. In the Bible, we see how the economy of the family is entrusted largely to women. They are the real heads of the household, possessed of a wisdom aimed not merely at profit, but also at care, coexistence, and the physical and spiritual wellbeing of all, including the poor and the stranger. It is exciting to approach the study of economics from this standpoint, for the sake of restoring to the economy its proper dignity, lest it fall prey to unbridled market speculation.
The Global Compact on Education, with its seven overarching principles, encompasses many of these issues, from caring for our common home to the full participation of women and the need for innovative ways of understanding economics, politics, growth and progress. I encourage you to study the Global Compact and to become enthusiastic about its contents. One of the points it addresses is the need to educate about acceptance and inclusion. We cannot pretend that we have not heard the words of Jesus in Chapter 25 of Matthew’s Gospel: “I was a stranger and you welcomed me” (v. 35). I was moved as I listened to Mahoor’s testimony, when she described what it is like to live “constantly feeling the absence of hearth and home and of friends..., of being without a home, a university, or money..., tired, worn and beaten down by grief and loss”. She told us that she rediscovered hope because she met someone who believed in the transforming power of the culture of encounter. Every time someone offers a gesture of hospitality, it prompts a transformation.
Dear friends, I am very happy to see that you are a lively academic community, open to the current reality, where the Gospel is not mere decoration but an inspiration for your individual and collective efforts. I know that your lives are busy, between study, friends, community service, civil and political responsibilities, care for our common home, artistic activities, and so on. That is what it means to be a Catholic university: each part is related to the whole, while the whole is to be found in each of its parts. As you acquire knowledge and academic expertise, you will grow as a person, in self-knowledge and in the ability to discern the path of your future. Paths: yes. Mazes: no. So, carry on! A medieval tradition has it that when pilgrims on the Camino de Santiago met one another, they greeted each other by exclaiming, “Ultreia”, and responding, “et Suseia”. These expressions encourage us to persevere in seeking and in the risk of the journey, telling one another: “Come, take heart, keep going!” That is likewise my heartfelt wish for all of you. Thank you!
Drodzy bracia i siostry, dzień dobry!
Dziękuję Pani Rektor za jej słowa, Obrigado. Powiedziała pani, że wszyscy czujemy się jak „pielgrzymi”. To piękne słowo, którego znaczenie zasługuje na rozważenie. Dosłownie oznacza porzucenie zwykłej rutyny i wyruszenie z pewnym zamiarem, przejście „po polach” lub „wyjście poza swe granice”, co znaczy poza swoją strefą komfortu ku perspektywie sensu. W terminie „pielgrzym” widzimy odzwierciedlenie ludzkiej kondycji, ponieważ każdy jest wezwany do zmierzenia się z wielkimi pytaniami, na które nie ma odpowiedzi, odpowiedzi uproszczonej lub niezwłocznej, ale które zachęcają do odbycia podróży, do przezwyciężenia siebie, wyjścia poza swoje ograniczenia. Jest to proces, który dobrze rozumie student uniwersytetu, ponieważ w ten sposób rodzi się nauka. Tak rozwija się również poszukiwanie duchowe. Bycie pielgrzymem oznacza podążanie w kierunku celu lub poszukiwanie celu. Zawsze istnieje niebezpieczeństwo chodzenia w labiryncie, w którym nie ma celu. Nie ma też wyjścia. Jesteśmy nieufni wobec gotowych formuł – będących labiryntami. Jesteśmy nieufni wobec odpowiedzi, które zdają się być na wyciągnięcie ręki, wysuwanych z rękawa jak sfałszowane karty do gry. Jesteśmy nieufni wobec tych propozycji, które wydają się dawać wszystko, nie wymagając niczego. Nie ufamy! Ta nieufność jest bronią, dzięki której możemy iść naprzód i nie kręcić się w kółko. W przypowieści Jezusa perłę o wielkiej wartości znajduje ten, kto szuka jej mądrze i z duchem inicjatywy, i daje wszystko, ryzykuje wszystko, co ma, aby ją zdobyć (por. Mt 13, 45-46). Szukać i podejmować ryzyko: oto dwa czasowniki pielgrzyma. Szukać i podejmować ryzyko.
Pessoa powiedział kłopotliwie, lecz słusznie, że „być niezaspokojonym to być człowiekiem” (Mensagem, O Quinto Império). Nie możemy bać się poczucia niepokoju myśleć, że to, co robimy, nie wystarcza. Bycie niezadowolonym, w tym sensie i we właściwej mierze jest dobrym środkiem zaradczym na zarozumiałość samowystarczalności i narcyzm. Niepełność charakteryzuje naszą kondycję poszukiwaczy i pielgrzymów, jak mówi nam Jezus, „jesteśmy na świecie, ale nie ze świata” (por. J 17, 16). Jesteśmy w drodze… Jesteśmy powołani do czegoś więcej, do oderwania się, bez którego nie ma lotu. Nie bądźmy więc zaniepokojeni, jeśli stwierdzimy, że jesteśmy spragnieni wewnętrznie, niespokojni, niespełnieni, tęskniący za sensem i przyszłością, com saudades do futuro! I tutaj, wraz z saudade do futuro, nie należy zapominać o zachowaniu pamięci o przyszłości. Nie jesteśmy chorzy, lecz żywi! Bądźmy raczej zaniepokojeni, gdy jesteśmy gotowi zastąpić drogę, którą mamy przebyć jakimkolwiek miejscem odpoczynku, o ile daje nam to iluzję komfortu; gdy zastępujemy oblicza ekranami, rzeczywistość światem wirtualnym; gdy zamiast pytań, które ranią, wolimy łatwe odpowiedzi, które znieczulają. I możemy je znaleźć w każdym podręczniku o relacjach społecznych, o tym, jak się zachowywać. Łatwe odpowiedzi znieczulają.
Przyjaciele, pozwólcie, że wam powiem: szukajcie i podejmujcie ryzyko. W tym momencie dziejów wyzwania są ogromne, zawodzenia bolesne, przeżywamy trzecią wojnę światową „w kawałkach”, ale podejmijmy ryzyko myślenia, że nie jesteśmy w agonii, lecz w chwili narodzin; nie u kresu, lecz na początku wielkiego spektaklu. Potrzeba odwagi, by tak pomyśleć. Bądźcie zatem szerzycielami „nowej choreografii”, która stawia w centrum osobę ludzką, bądźcie choreografami tańca życia. Inspirujące były dla mnie słowa Pani Rektor, zwłaszcza, gdy powiedziała, że „uniwersytet nie istnieje po to, by się uchować jako instytucja, lecz aby odważnie odpowiadać na wyzwania teraźniejszości i przyszłości”. Samozachowanie jest pokusą, jest odruchem uwarunkowanym lękiem, sprawiającym, że patrzymy na egzystencję w sposób wypaczony. Gdyby ziarna chroniły same siebie, całkowicie zmarnowałyby swoją moc generatywną i skazałyby nas na głód; gdyby zimy chroniły same siebie, nie byłoby cudu wiosny. Miejcie zatem odwagę zastąpić lęki marzeniami. Zastąpcie obawy marzeniami: nie bądźcie dysponentami lęków, lecz twórcami marzeń! Marnotrawstwem byłoby myślenie o uniwersytecie zaangażowanym w kształcenie nowych pokoleń tylko po to, żeby utrwalić obecny elitarny i niesprawiedliwy system świata, w którym wykształcenie wyższe pozostaje przywilejem dla nielicznych. Jeśli wiedza nie jest traktowana jako odpowiedzialność, staje się jałowa. Jeśli ci, którzy otrzymali wyższe wykształcenie (które dziś, w Portugalii i na świecie, pozostaje przywilejem), nie starają się oddać tego, z czego skorzystali, nie rozumieją w pełni tego, co zostało im zaoferowane. Lubię myśleć, że w Księdze Rodzaju pierwsze pytania, jakie Bóg zadaje człowiekowi, brzmią: „Gdzie jesteś?” (Rdz 3, 9) i „Gdzie jest brat twój?” (Rdz 4, 9). Warto, byśmy postawili sobie pytanie: gdzie jestem? Czy jestem zamknięty w swojej bańce, czy też podejmuję ryzyko wyjścia z mojego bezpieczeństwa, aby stać się praktykującym chrześcijaninem, budowniczym sprawiedliwości i budowniczym piękna? A następnie: Gdzie jest mój brat? Doświadczenia braterskiej służby, takie jak Missão País [Misja krajowa] i wiele innych, jakie pojawiają się w środowisku akademickim, powinny być uważane za niezbędne dla tych, którzy przechodzą przez uniwersytet. Stopień naukowy powinien być postrzegany nie tylko jako upoważnienie do budowania osobistego bogactwa, lecz przeciwnie jako upoważnienie do poświęcenia się bardziej sprawiedliwemu i inkluzywnemu społeczeństwu, czyli społeczeństwu bardziej postępowemu. Powiedziano mi, że jedna z waszych wielkich poetek, Sophia de Mello Breyner Andresen, w wywiadzie, który jest swego rodzaju testamentem, na pytanie: „Co chciałaby zobaczyć w Portugalii w tym nowym stuleciu?”, odpowiedziała bez wahania: „Chciałabym zobaczyć sprawiedliwość społeczną, zmniejszenie przepaści między bogatymi a ubogimi” (Entrevista de Joaci Oliveira, w Cidade Nova, nr 3/2001). Zwracam się do was z tym pytaniem. Wy, drodzy studenci, pielgrzymi wiedzy, co chcielibyście osiągnąć w Portugalii i na świecie? Jakie zmiany, jakie transformacje? I w jaki sposób uniwersytet, zwłaszcza katolicki, może się do tego przyczynić?
Beatriz, Mahoor, Mariana i Tomás, dziękuję wam za wasze świadectwa. Wszystkie miały wydźwięk pełen nadziei, element realistycznego entuzjazmu, bez narzekania, ale też bez wyskoków idealistycznych. Chcecie być protagonistami, „protagonistami zmian”, jak powiedziała Mariana. Słuchając was, pomyślałem o zdaniu, które może być wam znane, autorstwa pisarza José de Almady Negreirosa: „Marzyłem o kraju, w którym każdy może zostać nauczycielem” (A Invenção do Dia Claro). Także ów starzec, jestem bowiem stary, który do was przemawia marzy o tym, żeby wasze pokolenie stało się pokoleniem nauczycieli. Nauczycieli humanizmu. Nauczycieli współczucia. Nauczycieli nowych możliwości dla planety i jej mieszkańców. Nauczycieli nadziei. I nauczycielami, którzy bronią życia planety, która jest obecnie zagrożona poważnym zniszczeniem ekologicznym.
Jak podkreślili niektórzy z was, musimy uznać pilną konieczność zatroszczenia się o nasz wspólny dom. Nie da się tego jednak zrobić bez nawrócenia serca i zmiany wizji antropologicznej leżącej u podstaw ekonomii i polityki. Nie możemy zadowolić się jedynie środkami łagodzącymi lub nieśmiałymi i niejednoznacznymi kompromisami. W tym przypadku „drogi pośrednie są tylko małym opóźnieniem katastrofy” (Enc. Laudato si', n. 194). Nie zapominajcie: kompromis to tylko niewielkie opóźnienie w katastrofie. Trzeba natomiast podjąć to, co niestety wciąż jest odkładane na później: czyli potrzebę przedefiniowania tego, co nazywamy postępem i ewolucją. W imię postępu nastąpił bowiem zbyt duży regres. Dobrze to przemyślcie: w imię postępu nastąpił zbyt duży regres. Jesteście pokoleniem, które może sprostać temu wyzwaniu: macie najbardziej zaawansowane narzędzia naukowe i technologiczne, ale proszę, nie wpadajcie w pułapkę wizji fragmentarycznych. Nie zapominajcie, że potrzebujemy ekologii integralnej, wsłuchiwania się w cierpienie planety wraz z cierpieniem ubogich; umieszczenia dramatu pustynnienia obok dramatu uchodźców; kwestii migracji obok spadku urodzeń; zajęcia się materialnym wymiarem życia w obrębie duchowości. Nie może być polaryzacji, ale konieczna jest wizja integralna.
Dziękuję ci, Tomás, za stwierdzenie, że „autentyczna ekologia integralna nie jest możliwa bez Boga, że świat bez Boga nie ma przyszłości”. Chciałbym wam powiedzieć: uwiarygodniajcie wiarę poprzez decyzje. Jeśli bowiem wiara nie rodzi przekonujących stylów życia, to nie sprawia, żeby zakwasiło się ciasto świata. Nie wystarczy, żeby chrześcijanin był przekonany, musi być przekonujący; nasze działania mają odzwierciedlać radosne a zarazem radykalne piękno Ewangelii. Co więcej, chrześcijaństwo nie może być przeżywane jako forteca otoczona murami, wznosząca wały obronne przeciwko światu. Dlatego wzruszające było dla mnie świadectwo Beatriz, która powiedziała, że czuje się powołana do życia Błogosławieństwami właśnie „na polu kultury”. W każdej epoce jednym z najważniejszych zadań chrześcijan jest podejmowanie sensu wcielenia. Bez wcielenia chrześcijaństwo staje się jakąś ideologią, a pokusa w cudzysłowie „ideologii chrześcijańskich” jest bardzo aktualna. To właśnie wcielenie pozwala nam zadziwiać się pięknem, które Chrystus objawia poprzez każdego brata i siostrę, każdego mężczyznę i każdą kobietę.
W tym kontekście interesujące jest to, że na nowej katedrze poświęconej „Ekonomii Franciszka” dodaliście postać Klarę. Rzeczywiście, nieodzowny jest wkład kobiet. W zbiorowej podświadomości jakże często uważa się, że kobiety są osobami drugorzędnymi, są rezerwami, nie grają jako aktorzy pierwszoplanowi. To istnieje w podświadomości zbiorowej. Wkład kobiet jest niezbędny. Zresztą widzimy w Biblii, jak ekonomia rodziny jest w dużej mierze w rękach kobiety. Jest ona prawdziwą „władczynią” domu, z mądrością, która nie ma na celu wyłącznie zysku, ale troskę, współistnienie, fizyczne i duchowe dobro wszystkich, a także dzielenie się z ubogimi i obcymi. Fascynujące jest podejście z tej perspektywy do studiów ekonomicznych: w celu przywrócenia gospodarce godności, na jaką zasługuje, by nie padła ofiarą dzikiego rynku i spekulacji.
Inicjatywa Globalnego Paktu Edukacyjnego i siedmiu zasad, które tworzą jej architekturę, obejmują wiele z tych kwestii, od troski o wspólny dom, przez pełne uczestnictwo kobiet, po potrzebę znalezienia nowych sposobów rozumienia ekonomii, polityki, rozwoju i postępu. Zachęcam was do zapoznania się z Globalnym Paktem Edukacyjnym, zaangażowania się w niego. Jednym z jego punktów jest edukacja na rzecz akceptacji i włączenia. Nie możemy też udawać, że nie słyszeliśmy słów Pana Jezusa z 25 rozdziału Ewangelii Mateusza: „Byłem przybyszem, a przyjęliście Mnie” (w. 35). Ze wzruszeniem śledziłem świadectwo Mahoor, która opowiadała o tym, jak to jest żyć z „ciągłym poczuciem braku ogniska domowego, krewnych, przyjaciół [...], pozostawionym bez domu, bez uniwersytetu, bez pieniędzy [...], znużonym, wyczerpanym i przygnębionym cierpieniem i żałobą”. Powiedziała nam, że odnalazła nadzieję, ponieważ ktoś uwierzył w przekształcające oddziaływanie kultury spotkania. Za każdym razem, gdy ktoś wykonuje gest gościnności, sprawia przemianę.
Przyjaciele, bardzo cieszę się widząc was jako żywą wspólnotę edukacyjną, otwartą na rzeczywistość, świadomą, że Ewangelia nie służy jako ozdoba, ale ożywia części i całość. Wiem, że wasz kurs obejmuje różne obszary: studia, przyjaźń, służbę społeczną, odpowiedzialność obywatelską i polityczną, troskę o wspólny dom, ekspresję artystyczną… Być uniwersytetem katolickim to przede wszystkim fakt, że każdy element jest powiązany z całością i że całość odnajduje się w częściach. W ten sposób, zdobywając umiejętności naukowe, dojrzewa się jako osoba, w samopoznaniu i w rozeznawaniu swej drogi. Drogi, tak a nie labiryntu. A więc naprzód! Średniowieczna tradycja głosi, że gdy spotykali się pielgrzymi na szlaku Św. Jakuba, jeden pozdrawiał drugiego, wykrzykując „Ultreia” [„Śmiało”], a drugi odpowiadał „et Suseia!” [„Idźmy wyżej!”]. Są to wyrazy zachęty do kontynuowania poszukiwań i ryzyka podróży, mówiąc sobie nawzajem: „Idź dalej, wyżej; odwagi, idź dalej!". Tego też wam wszystkim z całego serca życzę. Dziękuję.
© http://press.vatican.va/content/salastampa/it/bollettino.html - 3 agosto 2023