Durante la “…SEMANA BÍBLICA”, celebrada del 27 de agosto al 2 de septiembre,
… organizada por…, donde los ponentes fueron…, entre otras cosas, se hizo referencia a la oración de la Salve Regina.
Una oración, se dijo, “que no tiene nada que ver con el mensaje de Jesús, es fruto de una teología ya del pasado, una imagen incompatible con la teología de Jesús”.
El ponente se mostró asombrado por “cómo la Iglesia todavía insiste en recitar esta oración”.
Los orígenes de la Salve Regina se remontan a la época en que la espiritualidad del clero, los religiosos y los creyentes se formaba y nutría no tanto del Evangelio, que “no era conocido”, sino, por ejemplo, de dos libros: «La pobreza de la condición humana» (escrito por Lotario de’ Conti di Segni, posteriormente papa Innocenzo III, papa de San Francisco de Asís) y «La imitación de Cristo», considerado, después de la Biblia, el texto religioso más leído de toda la literatura cristiana occidental (obra atribuida al fraile agustino Tomás de Kempis, al teólogo y filósofo John Gerson y al monje benedictino John Gersen).
Estos dos textos han sido calificados como “devastadores” y también como “tratados de psicopatología”, y sus autores como “personas locas. Lo que escriben es aterrador”.
Dicho esto, me pregunto cómo es posible que, ante tales pronunciamientos, no haya debate, sino que sigamos como si nada hubiera pasado. (Y no creo que esas posturas sean minoritarias dentro de la Iglesia). Tras leer los dos textos citados y analizar las palabras de la Salve Regina, es necesario reconocer la validez de lo que valientemente se afirmó públicamente durante esa semana bíblica.
Con gratitud
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