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papa e collegio latino americanoQuesta mattina, nel Palazzo Apostolico Vaticano, il Santo Padre Francesco ha ricevuto in Udienza la Comunità del Pontificio Collegio Pio Latino Americano.

Pubblichiamo di seguito il discorso che il Papa ha rivolto ai presenti nel corso dell’Incontro:

Discorso del Santo Padre

Me siento contento, queridos hermanos y hermanas, de estar hoy con todos ustedes, miembros de la familia del Colegio Pío Latinoamericano. Me gustó que me recibieran cantando. Yo no les pude contestar cantando porque canto para el carnero, así que hubiera sido un desastre. Estos años en los que ustedes están en Roma son un tiempo de gracia que el Señor les concede para ahondar la formación, no solo a nivel intelectual, académico, y para experimentar la riqueza y la diversidad de la Iglesia universal. Quizá es lo más rico; esa riqueza y diversidad. Esta riqueza y diversidad también caracteriza a nuestros pueblos de Latinoamérica, donde volverán para seguir siendo pastores del rebaño que la Iglesia les confía. Pastores del pueblo, y no clérigos de estado. Eso es un poco a lo que la vocación los lleva.

También los primeros cristianos provenían de diversos pueblos y culturas. Y fue el Espíritu Santo, que descendió sobre ellos, quien hizo que tuvieran «un solo corazón y una sola alma» (Hch 4,32), que hablaran un mismo lenguaje —el lenguaje del amor— y que fueran discípulos y misioneros de Jesús hasta los confines de la tierra (cf. Mt 28,19). Pensando en Andrés apóstol, cuya fiesta celebramos este miércoles, quisiera detenerme sobre estos dos términos: discípulos y misioneros.

En el evangelio de Juan vemos que Andrés fue uno de los primeros discípulos de Jesús. Ante su inquietud por conocer quién era el Maestro, y su invitación: «Vengan y lo verán» (Jn 1,39), fue, vio dónde vivía y se quedó con Él ese día. Y fue allí donde cambió radicalmente su vida. Por eso, queridos hermanos, renovemos siempre, nos hará bien, renovemos ese encuentro con el Señor, cotidianamente, compartamos su Palabra, permanezcamos en silencio ante Él para ver qué nos dice, qué hace, cómo siente, cómo calla, cómo ama. Dejemos que sea el “Verbo” en nuestras vidas y, si me permiten la imagen, dejémoslo “conjugarse” en nosotros y a través nuestro, que sea el Señor. No le impidamos que actúe en nuestro ministerio en primera Persona. ¡Que Jesús tenga voz activa en cada una de nuestras decisiones! Somos ministros suyos, pertenecemos a Él y nos llamó para “estar con Él”. Esto es lo que significa ser discípulos.

El encuentro de Andrés con Jesús no lo dejó tranquilo y de brazos cruzados, sino que lo transformó, y ya no era el mismo de antes, y no podía más que ir a anunciar lo que había vivido. Y al primero que encontró para decírselo fue a su propio hermano Pedro Simón: «Hemos encontrado al Mesías» (Jn 1,41), y lo llevó donde estaba Jesús. De este modo, Andrés se “estrenó” como misionero. Y también a nosotros nos esperan nuestros hermanos y hermanas, especialmente los que aún no han experimentado el amor y la misericordia del Señor, para que les anunciemos la Buena Noticia de Jesús y los conduzcamos hacia Él. Salir, movernos, llevar la alegría del Evangelio, eso es ser misioneros.

Marcos, en su Evangelio, resume la llamada de Jesús a ser discípulos y misioneros. En el capítulo tercero leemos que llamó a los apóstoles «para que estuvieran con Él y para enviarlos a predicar» (v. 14). Estar con Jesús y salir a anunciarlo. Dos verbos: “estar” y “salir”. Ese es el sentido de nuestra vida. Se trata de un camino “de ida y vuelta”, que tiene a Jesús como punto de partida y de llegada. No olvidemos que “estar” con Jesús y “salir” a anunciarlo es también estar con los pobres, con los migrantes, con los enfermos, con los presos, con los más pequeños, con los más olvidados de la sociedad, y compartir con ellos la vida y anunciarles el amor incondicional de Dios. Porque Jesús está presente en esos hermanos y hermanas más vulnerables, ahí Él nos espera de un modo especial (cf. Mt 25,34-40).

Y no se olviden de volver a Él, cada noche, después de una larga jornada —pero ojo, a Él, no a la pantalla de un celular—. Me duele mucho cuando veo que un sacerdote bueno, trabajador, se cansa y se olvida de pasar por el sagrario, y se va a dormir porque está cansado. Él tiene razón, tiene que dormir, pero primero saluda. No seas maleducado… ¿O cuántas veces se escapan en la pantalla de un celular? La pantalla del celular nos atiborra de cosas. Por favor, no sean adictos a ese mundo de escape. No sean adictos. Son diversos pasos que te van quitando la fuerza. Sean adictos al encuentro con Jesús, y Él sabe lo que nos hace falta y tiene una palabra que decirnos en cada ocasión.

Una cosa que ahí dije de paso, es que ustedes vuelven para ser pastores del Pueblo de Dios. Por favor, no negocien nunca la pastoralidad. Pastores del Pueblo de Dios, no clérigos de estado. No caigan en el clericalismo, que es una de las peores perversiones. Estén muy atentos, el clericalismo es una forma de mundanidad espiritual. El clericalismo es deformante, es corrupto, y te lleva a una corrupción, una corrupción almidonada, con la nariz parada, que te aparta del pueblo, te hace olvidar el pueblo de donde saliste. Pablo le decía a Timoteo: “Acuérdate de tu madre y de tu abuela” (cf. 2 Tm,5-7), o sea, vuelve a las raíces, no te olvides de tu madre y de tu abuela. Yo se lo digo a cada uno de ustedes. Volver al rebaño de donde fuimos sacados… “Te saqué de detrás del rebaño” (cf. 2 S,8).

Por favor, cada vez que se hacen más “exquisitos” en el sentido verdadero de la palabra, o sea, más alejados del pueblo, cada vez que hacen eso, se apartan de la gracia de Dios y caen en la peste del clericalismo. Pastores del pueblo, no clérigos de estado. Pidan la gracia de saber estar siempre delante, en medio y detrás del pueblo, metidos con el pueblo del cual Jesús los sacó.

Y pidámosle a Nuestra Señora de Guadalupe que nos ayude en el camino de “discipulado-apostolado” que nos va configurando con su Hijo, que nos acompañe en ese itinerario vital de “ida y vuelta” que parte de Jesús hacia los hermanos, para volver con los hermanos al encuentro de Jesús. Supliquemos al apóstol san Andrés que interceda por nosotros.

Y, de nuevo, gracias por esta visita. Les deseo buen camino romano, tomen todas las cosas buenas que puedan encontrar en Roma, las otras no, déjenlas en Roma, que acá se van a encargar de llevarlas adelante, y por favor, no se olviden de rezar por mí. Gracias.

© http://press.vatican.va/content/salastampa/it/bollettino.html - 28 novembre 2022




Nostra traduzione

Sono felice, cari fratelli e sorelle, di essere oggi con tutti voi, membri della famiglia del Colegio Pío Latinoamericano. Mi ha fatto piacere che mi abbiate accolto cantando. Non potevo risponderti cantando perché canto per l'ariete, quindi sarebbe stato un disastro. Questi anni di permanenza a Roma sono un tempo di grazia che il Signore vi concede per approfondire la vostra formazione, non solo a livello intellettuale e accademico, e per sperimentare la ricchezza e la diversità della Chiesa universale. Forse è questa la cosa più ricca: la ricchezza e la diversità. Questa ricchezza e diversità caratterizza anche i nostri popoli latinoamericani, dove torneranno per continuare a essere pastori del gregge che la Chiesa affida loro. Pastori del popolo e non chierici dello Stato. Questo è un po' quello che la loro vocazione li porta a fare.

Anche i primi cristiani provenivano da popoli e culture diverse. E fu lo Spirito Santo, che discese su di loro, a far sì che fossero "di un cuor solo e di un'anima sola" (At 4,32), che parlassero la stessa lingua - la lingua dell'amore - e che fossero discepoli e missionari di Gesù fino ai confini della terra (cfr. Mt 28,19). Pensando all'apostolo Andrea, di cui celebriamo la festa questo mercoledì, vorrei soffermarmi su questi due termini: discepoli e missionari.

Nel Vangelo di Giovanni vediamo che Andrea fu uno dei primi discepoli di Gesù. Di fronte alla sua preoccupazione di sapere chi fosse il Maestro e al suo invito: "Vieni e vedi" (Gv 1,39), andò a vedere dove viveva e rimase con lui quel giorno. E fu lì che la sua vita cambiò radicalmente. Perciò, cari fratelli e sorelle, rinnoviamo sempre, ci farà bene, rinnoviamo questo incontro con il Signore, ogni giorno, condividiamo la sua Parola, restiamo in silenzio davanti a lui per vedere cosa ci dice, cosa fa, come sente, come tace, come ama. Permettiamo alla "Parola" di essere nella nostra vita e, se mi permettete di usare l'immagine, permettiamo che si "coniughi" in noi e attraverso di noi, che sia il Signore. Non impediamogli di agire nel nostro ministero in prima persona. Lasciamo che Gesù abbia una voce attiva in ogni nostra decisione! Siamo suoi ministri, gli apparteniamo e ci ha chiamati a "stare con Lui". Questo è il significato di essere discepoli.

L'incontro di Andrea con Gesù non lo ha lasciato tranquillo e con le braccia conserte, ma lo ha trasformato, non era più lo stesso di prima e non poteva che andare ad annunciare ciò che aveva vissuto. La prima persona che trovò da raccontare fu suo fratello Simon Pietro: "Abbiamo trovato il Messia" (Gv 1,41), e lo portò dove si trovava Gesù. In questo modo Andrea ha "debuttato" come missionario. Anche i nostri fratelli e le nostre sorelle, soprattutto quelli che non hanno ancora sperimentato l'amore e la misericordia del Signore, ci aspettano per annunciare la Buona Novella di Gesù e per condurli a lui. Uscire, muoversi, portare la gioia del Vangelo: questo è essere missionari.

Marco, nel suo Vangelo, riassume la chiamata di Gesù a essere discepoli e missionari. Nel terzo capitolo leggiamo che chiamò gli apostoli "perché stessero con lui e li mandassero a predicare" (v. 14). Stare con Gesù e andare ad annunciarlo. Due verbi: "essere" e "uscire". Questo è il senso della nostra vita. È un viaggio "avanti e indietro", che ha come punto di partenza e di arrivo Gesù. Non dimentichiamo che "stare" con Gesù e "uscire" per annunciarlo significa anche stare con i poveri, con i migranti, con i malati, con i carcerati, con i più piccoli, con i più dimenticati della società, e condividere con loro la vita e annunciare loro l'amore incondizionato di Dio. Poiché Gesù è presente in questi fratelli e sorelle più vulnerabili, lì ci attende in modo speciale (cfr. Mt 25, 34-40).

E non dimenticate di tornare a Lui, ogni sera, dopo una lunga giornata - ma attenzione, a Lui, non allo schermo di un cellulare. Mi fa molto male quando vedo un sacerdote bravo e laborioso che si stanca e dimentica di andare al tabernacolo, e si addormenta perché è stanco. Ha ragione, deve dormire, ma prima saluta. Non essere scortese... O quante volte sfuggono sullo schermo di un cellulare? Lo schermo del cellulare ci riempie di cose. Non siate dipendenti da quel mondo di evasione. Non siate dipendenti. Si tratta di una serie di passi che vi tolgono la forza. Siate dipendenti dall'incontro con Gesù: Lui sa di cosa abbiamo bisogno e ha sempre una parola da dirci.

Una cosa che ho detto di sfuggita è che state tornando per essere pastori del popolo di Dio. Per favore, non negoziate mai la cura pastorale. Pastori del popolo di Dio, non chierici di Stato. Non cadete nel clericalismo, che è una delle peggiori perversioni. Fate molta attenzione, il clericalismo è una forma di mondanità spirituale. Il clericalismo è deformante, è corrotto, e ti porta a una corruzione, una corruzione amidacea, con il naso tappato, che ti allontana dal popolo, che ti fa dimenticare il popolo da cui provieni. Paolo disse a Timoteo: "Ricordati di tua madre e di tua nonna" (cfr. 2 Tim 5-7), in altre parole, torna alle tue radici, non dimenticare tua madre e tua nonna. Lo dico a ciascuno di voi. Tornare al gregge da cui siamo stati presi... "Ti ho fatto uscire dal gregge" (cfr. 2 Sam 8).

Per favore, ogni volta che diventate più "squisiti" nel vero senso della parola, cioè più lontani dalla gente, ogni volta che lo fate, vi allontanate dalla grazia di Dio e cadete nella piaga del clericalismo. Pastori del popolo, non chierici di Stato. Chiedete la grazia di saper essere sempre davanti, in mezzo e dietro la gente, coinvolti con le persone da cui Gesù vi ha preso.

E chiediamo a Nostra Signora di Guadalupe di aiutarci nel cammino di "discepolato-apostolato" che ci configura a suo Figlio, di accompagnarci in questo itinerario vitale di "andata e ritorno" che parte da Gesù verso i fratelli, per tornare con i fratelli a incontrare Gesù. Chiediamo all'apostolo Andrea di intercedere per noi.

E ancora una volta, grazie per questa visita. Vi auguro un buon viaggio romano, prendete tutte le cose buone che trovate a Roma, le altre no, lasciatele a Roma, se ne occuperanno qui, e per favore non dimenticate di pregare per me. Grazie.