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Queridos Hermanos en el Episcopado:

1. Con profundo gozo les doy la más cordial bienvenida a este encuentro de comunión con el Obispo de Roma y Cabeza del Colegio Episcopal.
Agradezco las amables palabras de Monseñor Ricardo Tobón Restrepo, Arzobispo de Medellín, con las cuales me ha hecho presente el afecto de los obispos, presbíteros, diáconos, comunidades religiosas y fieles laicos colombianos, así como las grandes líneas de la tarea pastoral que se está llevando a cabo en sus Iglesias particulares, que peregrinan en medio de las persecuciones del mundo y de los consuelos de Dios (cf. Lumen gentium, 8).
2. Su visita a los sepulcros de los príncipes de los Apóstoles, como bien lo saben, constituye un momento importante para la vida de las circunscripciones eclesiásticas de las que son pastores, porque consolida los vínculos de fe y comunión que los unen al Sucesor de san Pedro y al entero cuerpo eclesial. También para el Papa ésta es una ocasión de profundo significado, ya que en ella se expresa su solicitud por todas las Iglesias. Que su presencia en Roma sea, pues, una oportunidad para avivar la unidad efectiva y afectiva con el Pastor de la Iglesia Universal y también entre ustedes mismos, de modo que se intensifique en todos, y refuerce positivamente entre los fieles, aquel ideal que identifica a la comunidad eclesial desde sus inicios: "Tenía un solo corazón y una sola alma" (Hch 4, 32).
 3. La historia de Colombia está indeleblemente marcada por la profunda fe católica de sus gentes, por su amor a la Eucaristía, su devoción a la Virgen María y el testimonio de caridad de insignes pastores y laicos. El anuncio del Evangelio ha fructificado entre ustedes con abundantes vocaciones al sacerdocio y a la vida consagrada, en la disponibilidad mostrada para la misión ad gentes, en el surgimiento de movimientos apostólicos, así como en la vitalidad pastoral de las comunidades parroquiales. Junto a esto, ustedes mismos han constatado también los efectos devastadores de una creciente secularización, que incide con fuerza en los modos de vida y trastorna la escala de valores de las personas, socavando los fundamentos mismos de la fe católica, del matrimonio, de la familia y de la moral cristiana. A este respecto, la infatigable defensa y promoción de la institución familiar sigue siendo una prioridad pastoral para ustedes. Por ello, en medio de las dificultades, les invito a no retroceder en sus esfuerzos y a seguir proclamando la verdad integral de la familia, fundada en el matrimonio como Iglesia doméstica y santuario de la vida (cf. Discurso en la clausura del v Encuentro Mundial de las Familias, Valencia 8 julio 2006).
4. El Plan Global (2012-2020) de la Conferencia Episcopal de Colombia traza como objetivo general "promover procesos de nueva evangelización que formen discípulos misioneros, animen la comunión eclesial e incidan en la sociedad desde los valores del Evangelio" (cf. n. 5.1). Acompaño con mi oración este propósito, que ya tuve la oportunidad de comentar al inaugurar la v Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe, en Aparecida, pidiendo a Dios que, al llevarlo a cabo, los ministros de la Iglesia no se cansen de identificarse con los sentimientos de Cristo, Buen Pastor, saliendo al encuentro de todos con sus mismas entrañas de misericordia, para ofrecerles la luz de su Palabra. Así, el dinamismo de renovación interior llevará a sus compatriotas a revitalizar su amor al Señor, fuente de la que podrán surgir caminos que infundan una firme esperanza para vivir de manera responsable y gozosa la fe e irradiarla en cada ambiente (cf. Discurso Inaugural, 2).
5. Con espíritu paterno, consagren lo mejor de su ministerio a los presbíteros, diáconos y religiosos que están bajo su cuidado. Denles la atención que necesita su vida espiritual, intelectual y material, para que puedan vivir fiel y fecundamente su ministerio. Y si fuese necesaria, no ahorren con ellos la oportuna, clarificante y caritativa corrección y orientación. Pero, sobre todo, sean para ellos modelo de vida y entrega a la misión recibida de Cristo. Y no dejen de privilegiar el cultivo de las vocaciones y la formación inicial de los candidatos a las órdenes sagradas o a la vida religiosa, ayudándoles a discernir la verdad de la llamada de Dios, para que respondan a ella con generosidad y rectitud de intención. A este respecto, será oportuno que, siguiendo las orientaciones del Magisterio, propicien la revisión de los contenidos y métodos de su formación, con el deseo de que ella responda a los desafíos de la hora presente y a las necesidades y urgencias del Pueblo de Dios. Igualmente, es importante el fomento de una acertada pastoral juvenil, por medio de la cual las nuevas generaciones perciban con nitidez que Cristo las busca y desea ofrecerles su amistad (cf. Jn 15, 13-15). Él dio su vida para que tengan vida abundante, para que su corazón no se deje arrastrar por la mediocridad o por propuestas que acaban dejando el vacío y la tristeza tras de sí. Él desea ayudar a cuantos tienen el futuro por delante a realizar sus más nobles aspiraciones, para que aporten una savia fecunda a la sociedad, y así ésta avance por las sendas de la salvaguarda del medio ambiente, del ordenado progreso y la real solidaridad.
6. A pesar de algunos signos esperanzadores, la violencia continúa trayendo dolor, soledad, muerte e injusticia a muchos hermanos en Colombia. Al mismo tiempo que reconozco y agradezco la misión pastoral que, muchas veces en lugares llenos de dificultades y peligros, se está realizando en favor de tantas personas que sufren inicuamente en su amada Nación, les animo a seguir contribuyendo a la tutela de la vida humana y al cultivo de la paz, inspirándose para ello en el ejemplo de nuestro Salvador y suplicando humildemente su gracia. Siembren Evangelio y cosecharán reconciliación, sabiendo que, donde llega Cristo, la concordia se abre camino, el odio cede paso al perdón y la rivalidad se transforma en fraternidad.
7. Queridos hermanos en el Episcopado, al asegurarles una vez más mi cercanía y benevolencia, los encomiendo a cada uno de ustedes a la protección materna de María Santísima, en su advocación de Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá. Que ella interceda por los ministros ordenados, los religiosos, las religiosas, los seminaristas, los catequistas y los fieles de cada una de sus arquidiócesis y diócesis, acrecentando en todos el deseo de amar y servir a su divino Hijo. A todos imparto de corazón una afectuosa Bendición Apostólica, prenda de copiosos favores celestiales.

Di seguito una nostra traduzione italiana del discorso del Papa.

Cari Fratelli nell'Episcopato:
1. Con profonda gioia vi do il più cordiale benvenuto a questo incontro di comunione con il Vescovo di Roma e Capo del Collegio Episcopale. Ringrazio Monsignor Ricardo Tobón Restrepo, Arcivescovo di Medellín, per le cordiali parole con le quali mi ha trasmesso l'affetto dei vescovi, presbiteri, diaconi, comunità religiose e fedeli laici colombiani, come pure le grandi linee del compito pastorale che si sta portando avanti nelle vostre Chiese particolari, che peregrinano in mezzo alle persecuzioni del mondo e alle consolazioni di Dio (cfr. Lumen gentium, n. 8).
2. La vostra visita sulle tombe dei principi degli Apostoli, come ben sapete, costituisce un momento importante per la vita delle circoscrizioni ecclesiastiche di cui siete i pastori, perché consolida i vincoli di fede e di comunione che vi uniscono al Successore di San Pietro e all'intero corpo ecclesiale. Anche per il Papa questa è un'occasione dal profondo significato, poiché in essa si esprime la sua sollecitudine per tutte le Chiese. Che la vostra presenza a Roma sia quindi un'opportunità per ravvivare l'unità effettiva e affettiva con il Pastore della Chiesa universale e anche fra di voi, di modo che s'intensifichi in tutti, e si rafforzi positivamente tra i fedeli, quell'ideale che ha identificato la comunità ecclesiale fin dal suo inizio: "aveva un cuore solo e un'anima sola" (At 4, 32).
3. La storia della Colombia è indelebilmente segnata dalla profonda fede cattolica della sua gente, dal suo amore per l'Eucaristia, la sua devozione alla Vergine Maria e la testimonianza di carità di insigni pastori e laici. L'annuncio del Vangelo ha recato frutti tra di voi con abbondanti vocazioni al sacerdozio e alla vita consacrata, nella disponibilità mostrata per la missione ad gentes, nella nascita di movimenti apostolici, come pure nella vitalità pastorale delle comunità parrocchiali. Accanto a tutto ciò, voi stessi avete però constatato gli effetti devastanti di una crescente secolarizzazione, che incide con forza sugli stili di vita e sconvolge la scala dei valori delle persone, scuotendo le fondamenta stesse della fede cattolica, del matrimonio, della famiglia e della morale cristiana. A tale proposito, l'instancabile difesa e promozione dell'istituzione familiare continua a essere una priorità pastorale per voi. Perciò, in mezzo alle difficoltà, vi invito a non desistere nei vostri sforzi e a continuare a proclamare la verità integrale della famiglia, fondata sul matrimonio come Chiesa domestica e santuario della vita (cfr. Discorso a conclusione del v Incontro Mondiale delle Famiglie, Valencia, 8 luglio 2006).
4. Il Piano Globale (2012-2020) della Conferenza Episcopale della Colombia indica come obiettivo generale quello di "promuovere processi di nuova evangelizzazione, che formino discepoli missionari, incoraggino la comunione ecclesiale e incidano sulla società a partire dai valori del Vangelo" (cfr. n. 5.1). Accompagno con la mia preghiera questo proposito, che ho già avuto l'occasione di commentare nell'inaugurare la v Conferenza Generale dell'Episcopato dell'America Latina e dei Caraibi, ad Aparecida, chiedendo a Dio che, nel portarlo a compimento, i ministri della Chiesa non si stanchino d'identificarsi con i sentimenti di Cristo, Buon Pastore, andando incontro a tutti con cuore misericordioso, per offrire loro la luce della sua Parola. In tal modo, il dinamismo di rinnovamento interiore porterà i vostri concittadini a ravvivare il loro amore per il Signore, fonte da cui potrebbero nascere cammini in grado d'infondere una ferma speranza per vivere in modo responsabile e gioioso la fede e irradiarla in ogni ambiente (cfr. Discorso inaugurale, n. 2).
5. Con spirito paterno, dedicate la parte migliore del vostro ministero ai presbiteri, ai diaconi e ai religiosi affidati alla vostra cura. Date loro l'attenzione di cui ha bisogno la loro vita spirituale, intellettuale e materiale, perché possano vivere in modo fedele e fecondo il proprio ministero. E se fosse necessario, non lesinate con essi l'opportuna, chiarificatrice e caritativa correzione e guida. Ma soprattutto siate per loro modello di vita e di dedizione alla missione ricevuta da Cristo. E non smettete di privilegiare la cura delle vocazioni e la formazione iniziale dei candidati agli ordini sacri o alla vita religiosa, aiutandoli a discernere l'autenticità della chiamata di Dio, affinché rispondano a essa con generosità e rettitudine d'intenzioni. A tale riguardo, sarà opportuno che, seguendo gli orientamenti del Magistero, favoriate la revisione dei contenuti e dei metodi della loro formazione, con il desiderio che questa risponda alle sfide del momento presente e ai bisogni e alle urgenze del Popolo di Dio. Allo stesso modo, è importante promuovere una corretta pastorale giovanile, per mezzo della quale le nuove generazioni percepiscano con nitidezza che Cristo le cerca e desidera offrire loro la propria amicizia (cfr. Gv 15, 13-15). Egli ha dato la sua vita affinché abbiano la vita in abbondanza, affinché il loro cuore non si faccia trascinare dalla mediocrità o da proposte che finiscono col lasciare dietro di sé il vuoto e la tristezza. Egli desidera aiutare quanti hanno il futuro dinanzi a sé a realizzare le loro più nobili aspirazioni, affinché apportino una linfa feconda alla società ed essa quindi avanzi lungo i sentieri della salvaguardia dell'ambiente, dell'ordinato progresso e della reale solidarietà.
6. Nonostante alcuni incoraggianti segni, la violenza continua a portare dolore, solitudine, morte e ingiustizia a molti fratelli in Colombia. Mentre riconosco e ringrazio per la missione pastorale che, molto spesso in luoghi pieni di difficoltà e di pericoli, si sta realizzando a favore di tante persone che soffrono ingiustamente nella vostra amata Nazione, vi incoraggio a continuare a contribuire a tutelare la vita umana e coltivare la pace, ispirandovi a tal fine all'esempio del nostro Salvatore e supplicando umilmente la sua grazia. Seminate il Vangelo e raccogliete riconciliazione, sapendo che, dove giunge Cristo, la concordia si fa strada, l'odio cede il passo al perdono e la rivalità si trasforma in fraternità.
7. Cari Fratelli nell'Episcopato, nell'assicurarvi ancora una volta della mia vicinanza e benevolenza, affido ognuno di voi alla protezione materna di Maria Santissima, nel suo titolo di Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá. Che Ella interceda per i ministri ordinati, i religiosi, le religiose, i seminaristi, i catechisti e i fedeli di ognuna delle vostre arcidiocesi e diocesi, accrescendo in tutti il desiderio di amare e di servire il suo divino Figlio. A tutti imparto di cuore un'affettuosa Benedizione Apostolica, pegno di copiosi favori celesti.



(©L'Osservatore Romano 10-11 settembre 2012)